Capítulo 9 Una escalera caracol que subía al infinito Transcurrieron los días, y Gaia no se había dado cuenta de que había descuidado el grupo. Pasaba todo el día ayudando a la tía y sosteniendo a Elio, que se había vuelto más pensativo. Su relación nunca antes había sido tan estrecha. Una mañana, mientras estaba en el gallinero, oyó un extraño silbido que llegaba desde lejos. Salió y miró alrededor. Apoyado en la empalizada, Alessandro le sonreía. Gaia se limpió rápidamente las manos sobre los jeans, se arregló el cabello y se acercó a él. Le daba mucho placer verlo. —Hola. —Hola. ¿En qué andas? No te vi más después de esa noche. Estaba preocupado, considerando lo sucedido. —No me di cuenta de haber desaparecido. Tuve mucho para hacer en la granja. —¿Descubriste qué era esa imagen

