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La Hija Del Diablo

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drama
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Descripción

¿Cómo puede una mujer reinar sobre el hombre?. Esta chica haría cuanto pueda para ser la ama y señora del reino de su padre, pero primero deberá afrontar su castigo, para después demostrar que merece ser la heredera del inframundo, ser quien es entre los mortales tendrá muchas consecuencias a pesar de que los únicos sentimientos que le han demostrado han sido el rencor, el odio, la avaricia y la venganza.

¿De verdad lograra hacerse de la corona? o ¿quizás se encariñe del mundo humano?

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Cap.1
Hoy no seria un día como cualquier otro en el inframundo, Lucifer, el diablo, el ángel caído, lucifer, se le ha llamado de muchas maneras, estaba ansioso por este acontecimiento, su primer hijo varón, una de las tantas concubinas a su disposición por fin le otorgarían un hermoso y esperado varón, la única en descontento y que haría una zanja de tanto caminar de un lado a otro esperando al pequeño engendro era Scarlett; la primogénita, no sentía amor por nadie mas que por ella misma, así que solo le preocupaba si la criatura sobrevivía al ambiente del infierno, hace un par de años otra concubina paso por lo mismo, pero el recién nacido no soporto ni el calor abrasador de su ambiente y la madre sufría agónicamente el trabajo de parto, todo quedo a medias y no lograron sobrevivir, esto alegro a la egocéntrica adolescente, ahora una mujercita, pero no dejaba de ser una inmadura esperando la jubilación de su padre o al menos que el abandonara momentáneamente sus tareas en el infierno para ir al mundo terrenal a divertirse un poco, así seria la encargada mientras tanto, pero la ultima vez que eso paso fue cuando el diablo se enamoro de su madre, la mujer mas pura y hermosa que sus ojos pudieron ver, capaz de llevarle la contraria a Dios por amor; pero al igual que las concubinas anteriores, no logro reaccionar después del parto, pero Scarlett apenas respiro en el infierno y soltó un llanto profundo, el único en su existencia y se acostumbro rápidamente a su entorno. Ambos sobrevivieron, la concubina al ser mitad demonio tuvo la fuerza para lograrlo y el bebé igual, un niño de color trigueño de ojos ámbar, brillantes, como si fuera un gatito, no emitió ningún sonido, solo sabían que estaba bien y sano porque los había abierto, los observaba a todos en completo silencio, al diablo no le importaba la mujer que acababa de darle un hijo, solo su pequeño, la ultima vez que se preocupo por un a fue la madre de Scarlett, le lloro un par de años y fue después de eso que ignoro a su hija, pues eran muy parecidas, solo que ella tenia el tono de piel mas oscuro y ojos ámbar iguales a los del recién nacido; lo dejaron en una especie de incubadora para que se mantuviera estable, el orgulloso padre hablaba con las personas adecuadas para mantenerlo saludable en lo que tenia la edad suficiente para enseñarle algunos deberes, además de ir reasignando lugares por la llegada del nuevo integrante de la familia; esto hizo enfurecer aun mas a su hija. -Ese mocoso nunca debió haber nacido, soy yo quien debe reinar... Camino a toda prisa a su habitación, que era mas parecido a una cueva por las paredes rugosas de colores oscuros, grises y negros predominaban el lugar, la ventaja de la "realeza" era que tenían comodidades, las sabanas y muebles se veían cómodos y lujosos, pero lo que ella buscaba estaba debajo de su cama, oculto detrás del cajonero que hacia juego con el respaldo de esta, una daga capaz de matar demonios solo si se tiene la voluntad de acabar con ellos, el filo de plata brillante resplandecía con el fuego que había por todas partes llena de gritos de agonía por las almas atormentadas que recibían sus castigos, la chica caminaba a paso firme donde el pequeño tomaba la siesta al ser agotador el proceso del nacimiento, la empuñadura contaba con un rubí, pero a ella poco le importaba la apariencia, lo que apreciaba era la funcionalidad, esta daga era capaz hasta de atravesar a su padre; entro sigilosamente quedando de pie frente a su cuna. -Ahora si....-levanto la daga entre sus manos preparándose para clavarla en el bebé- adiós, hermanito. Su cuerpo se endureció, trataba de bajar la daga con todas sus fuerzas, abrió los ojos lo mas que su cuerpo le permitía, el único ser que podría hacer algo como esto era su padre, y así era, estaba detrás de ella parado justo en la puerta con la mano extendida, ejerciendo un a fuerza invisible para detener la acción de su despiadada hija, mientras se acercaba a paso lento hasta ella para quitarle el arma para después liberarla de su poder. -Diría que estoy orgulloso de ti pequeña peste- sujeto el mentón de ella con mucha fuerza- pero estaría mintiendo; esto no me tiene nada contento, sabes cuanto espere por esto Scarlett. -Si mamá viviera ¿estarías de acuerdo con el fratricidio padre?- casi escupía con desprecio. -Si tu madre viviera, este seria tu hermano, y mis concubinas un estorbo, el fratricidio tendría un peor castigo que el que recibirás- la señalaba con su índice a modo de acusación- agradece que aun la llevo en mi corazón. - Me harás llorar papi, ¿en serio tienes uno?- -Lo tuve, hasta que llegaste tu y lo destruiste. El sentimiento que llegaba cada que eso era mencionado era desconocido para ella, pero bastante familiar, odio y desprecio además de un sentimiento desconocido, pero lo ignoraba cuanto podía, el se acariciaba el puente de su nariz entre sus dedos al tiempo que guardaba la daga por detrás de su espalda entre su ropa. -Mi trabajo es castigar Scarlett, y seré blando esta vez, el lugar de ser apuñalada y degollada por la eternidad como dicta tu sentencia, te enviare a la tierra, tendrás 10 contratos a firmar.... -Para hay- coloco su mano frente a el para detener su sentencia- ¿me estas enviando a trabajar?¿como a uno de tus estúpidos demonios? -Exactamente, es eso o la sentencia original, tu decides. Ambos se cruzaban de brazos mirándose desafiantes, pero ella sabia que por mas amor que le tuvo a su madre no iba a ceder, aceptaba o recibiría su castigo como lo harían los mortales, un pesado suspiro le hizo saber al señor de la oscuridad que su hija aceptaba el trato; hacer firmar a 10 humanos un contrato para vender su alma a cambio de un deseo.

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