Mientras tanto, en la mansión Chililenko, Isabella se encontraba en una situación angustiosa. Estaba esposada en una habitación sombría y austera. La única persona que había entrado en la habitación era un hombre mayor, que con manos temblorosas, le quitó las esposas y le indicó que se vistiera. El hombre le entregó un vestido elegante y ropa interior, que contrastaban fuertemente con su entorno. Isabella, sin embargo, no podía evitar recordar la forma en que Mijail la había despojado de su ropa anterior, un recuerdo que la llenaba de incomodidad y miedo. El hombre se presentó como Vikktor y le ofreció un plato de comida. Sin embargo, Isabella rechazó la oferta con un gesto de desconfianza. No se atrevía a imaginar qué podría contener la comida que le proporcionaban los sirvientes de ese

