Amenaza

1611 Palabras

Masha y Lorenzo estaban conversando en un rincón tranquilo. La expresión en el rostro de Lorenzo era de confusión y preocupación, lo cual contrastaba con la escena que Masha había presenciado previamente: chupones en su cuello y una sonrisa radiante. Sus ojos reflejaban una especie de tormento interno, como si estuviera luchando con algo que no quería compartir. —Señor Lombardi —dijo Masha con determinación, buscando su mirada preocupada—, puede confiar en mí. El señor Lombardi asintió y suspiró, reconociendo el apoyo de su leal empleada. Habló con gratitud, aunque su rostro aún mostraba inquietud. — Estoy bien, Masha. Quiero agradecerte, eres un gran apoyo —dijo, su voz revelando su agradecimiento sincero—. Incluso me estás ayudando a entrenar a Dante y eso no es parte de tus labores.

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