Cuando Masha finalmente puso un pie en el terreno de la majestuosa mansión de los Chililenko, sus ojos se quedaron fijos en los intrincados detalles de la arquitectura. A su costado, la presencia tranquila de Gael era reconfortante. Él compartía su asombro silencioso por la mansión, su mirada experta reconociendo la opulencia y la extravagancia en cada rincón. Gael y el escolta sobreviviente se encontraban a su lado caminando hacia Mijail quién se encontraba con varios hombres a su lado. A ella le molestaba la frialdad con la que actuaba. En lugar de abrazarla o mostrarse cariñoso, él estaba enfadado porque habían invadido su territorio. Masha no podía ignorar el hecho de que Mijial era el líder de una oscura mafia rusa. Era un hombre que había cimentado su posición en un mundo donde

