Isabella Romanov se encontraba ante la última persona que jamás habría imaginado volver a ver en su vida. La figura que tenía frente a ella lucía completamente distinta a los recuerdos que conservaba en su mente, generando un torbellino de emociones en su interior. Había aceptado este encuentro con reticencia después de tantos años de separación y secretos ocultos. La mujer pelirroja, de penetrantes ojos negros, mantenía su atención fija en la joven, pero una barrera de esposas impedía cualquier contacto físico entre ellas. Con una mezcla de confusión y amargura, Isabella pronunció con voz tensa. —No entiendo por qué tu abogado se puso en contacto contigo, Patricia. La mujer, sin inmutarse por el nombre equivocado, respondió con voz serena, —No soy Patricia, querida. Soy tu abuela, y si

