Capítulo 19: A un día de la playa

772 Palabras
Lucas estaba acostado boca abajo en su cama, las piernas cruzadas en el aire, con el celular en la mano y una sonrisa idiota que se le escapaba cada vez que uno de los mensajes del grupo lo hacía reír. El grupo de w******p titulado “Operación Playa” estaba que ardía. Mariana: YA ESTOY HACIENDO LISTA DE SNACKS Y NADIE ME DETIENE. Julián: Lleva Doritos o me voy a quejar toda la semana. Marcos: Si llevan Doritos, no cuenten conmigo. Trauma de niñez. Lucas: Jajajaja Marcos, eres una señora de 80 años atrapada en un cuerpo de deportista. Karla: Yo llevo brownies. Pero de los normales, tranquilos. Mariana: Yo no estoy tan tranquila ahora 😅 Lucas escribía, borraba, volvía a escribir. La conversación fluía tan natural que parecía que todos estaban en la misma habitación. Sentía una calidez especial. Como si, por un rato, todo lo que lo había tenido confundido los últimos días simplemente se evaporara. Lucas: Yo llevo la música. Pero no me pidan reguetón del 2007. Julián: El reguetón del 2007 es patrimonio cultural. Marcos: Si no suena Gasolina no me subo a ese carro. Mariana: Lucas, no escuches a esta gente. Yo llevo mi playlist y punto. Pasaron más de una hora en eso. Planeaban desde la hora de salida hasta quién llevaría protector solar. Lucas se reía tanto que su hermano, al pasar por la puerta, lo miró raro y dijo: —Estás hablando con un alien, fijo. Lucas le lanzó una almohada. --- A la mañana siguiente, Lucas se levantó con energía. Bajó las escaleras con los audífonos colgando del cuello y encontró a su madre preparando café. Su padrastro ya se había ido y su hermano desayunaba cereal con la tele encendida. —Buenos días —dijo Lucas, acercándose a besar a su madre en la mejilla. —Hoy te levantaste antes del segundo aviso. Milagro. —Tengo cosas que hacer, lugares a donde llegar. —¿Excusa para ver a tus amigos o para no pensar? Lucas la miró con una media sonrisa. —Ambas. Ella le guiñó un ojo y le puso una taza de café con leche frente a él. Mientras desayunaba, el teléfono no paraba de vibrar. Mariana seguía enviando memes sobre las cosas que debían empacar. Lucas no respondía, solo sonreía mientras tomaba su café. --- En el camino al colegio, Lucas caminaba por la acera con los audífonos puestos, aunque sin música. Le gustaba observar sin parecer que lo hacía. Al cruzar una esquina, escuchó su nombre. —¡Lucas! Era Max, regando las plantas del jardín de su casa. Estaba sin camiseta, lo que ya era suficiente para que Lucas desviara la mirada rápidamente. —Buenos días —dijo Lucas, quitándose un auricular. —Mi hermanita dijo que hoy quiere jugar al té contigo. Está obsesionada con tu dibujo del gato. Lucas soltó una risa. —Dile que le aviso si tengo tiempo. Pero solo si hay galletas. —Negociado. Que tengas buen día. Lucas siguió su camino, sonriendo. No sabía cómo sentirse respecto a Max, pero no podía negar que verlo le cambiaba el ánimo. --- Ya en la escuela, Lucas caminaba por el pasillo cuando escuchó su nombre otra vez, esta vez más serio. —Lucas. Espera. Era Marcos. Tenía una expresión tensa, como si hubiera estado esperando ese momento. —Hola —dijo Lucas, sin parar. —Lucas, en serio. ¿Por qué me ignoraste ayer? No me respondiste el mensaje. Pero sí hablaste en el grupo. Lucas se detuvo. Dio media vuelta y lo miró. —No sabía qué decirte, Marcos. —¿Por qué? Somos amigos, ¿no? Lucas suspiró. Miró al suelo, luego a los ojos de Marcos. —Porque si te respondía, me ibas a preguntar cosas que no quería responder. —Lucas, no estoy enojado por lo que pasó. Solo... me preocupas. Lucas sonrió, pero de esa forma que no es felicidad, sino resignación. —Estoy bien. Solo necesitaba espacio. —Pero no puedes seguir huyendo cada vez que algo te asusta. —Lo sé —respondó Lucas en voz baja. Hubo un silencio. De esos largos. De esos que dicen demasiado. —Entonces, ¿estás bien? ¿De verdad? —insistió Marcos. Lucas asintió. —Sigo con mis dudas, pero estoy aquí. Y eso es algo. Marcos lo miró por unos segundos y luego le dio una palmada en el hombro. —Nos vemos en clase. Lucas asintió de nuevo, mientras lo veía alejarse. Sabía que nada entre ellos volvería a ser exactamente igual. Pero también sabía que algunas cosas solo cambian si uno se atreve a enfrentarlas.
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