“Maldito sea el tiempo que corre robando momentos, maldito sea el tiempo que obliga, que extorsiona y que aniquila”
Greta
El tiempo pasa tan de prisa que asusta y aunque intento y me resisto, no lo puedo detener. En menos de veinticuatro horas seré una señora comprometida, con anillo de diamantes y promesas que no quiero cumplir y, unos cuantos días después, me tocará caminar de blanco con el hombre que juro protegerme para siempre a mi lado, dispuesto a entregarme a otro que solo busca manipularme.
En menos de veinticuatro horas comienza un castigo que, a fin de cuentas, yo misma me impongo, un martirio al que me someto sin ninguna razón o con tantas que ya no las puedo reconocer. Veinticuatro horas y los pocos sueños que me permití tener se irán a la basura junto con todo aquello que mi futuro marido cree inútil e innecesario en mi vida.
Tanto esfuerzo, tanta lucha, tanto deseo reducido a cenizas. Tantas preguntas que aún no tienen respuestas, tantas incógnitas por descifrar, tanto dolor que apalear, tanto miedo que ocultar.
-¿En qué piensas Princippesa?-
Hablando de incógnitas que resolver…
-Nonna ¿Qué te trae por aquí?-
Arrastra sus pies hacía donde me encuentro y se posiciona a mi costado y, con las misma mueca que reconozco haber hecho, barre el patio trasero para encontrarse con el enorme espectáculo que mi madre está montando. No puedo especificar cuanto tiempo estuve mirando esto sola ni cuanto lo hice acompañada por mi abuela, pero por alguna razón ninguna de las dos podemos despegar nuestros ojos de ahí. Cada rincón es peor que el anterior, cada mesa, cada silla, cada arreglo floral, todo es dañino para la vista.
-¡Vaya que se está esforzando!-
Mi abuela es la primera en romper el silencio que ninguna pretendía mantener.
-Supongo que no tiene muchas esperanzas de casar a Aurora y está metiendo todo lo que tiene aquí-
Sofia se ríe, dejándome un poco más desorientada de lo que estaba antes de que ella apareciera en mi habitación.
-No es eso Greta, lo sabes. Tu madre está intentando llenar vacíos, cubrir apariencias y suplir ausencias. Esta boda es su oportunidad de resarcirse con tu padre y contigo también-
Me sorprende que la defienda, porque creo que eso es lo que está haciendo.
-Si está intentando resarcirse conmigo, va por mal camino. Ella sabe que no quiero casarme ahora, y mucho menos con el desagradable de Mattia-
La nonna vuelve a sonreír y ya no intento descifrar porque lo hace.
-Tienes todo para frenar esto cuando lo desees, solo debes colocarte el anillo y hacer que el mundo se arrodille ante su reina. Entiendo que has comprendido mi postura y sabes que no voy a interferir a menos que lo pidas, pero no es mi deseo dejarte olvidar que desde el momento en el que puse la serendibita en tu mano posees el poder absoluto sobre todos los que habitan este lugar y cualquiera que forme parte de nuestro territorio-
El ruido del bastón que la sostiene desde hace días, retumba mientras se aleja y mis ojos van directo a la caja donde la serendibita descansa desde aquel día. Me veo tentada a sacarle y tirar todo esto a la mierda, pero algo en mi interior me grita que todavía no es tiempo y decido esperar… aunque quizá, solo quizá, mañana sea demasiado tarde.
Yaroslav
Observo la imagen que yace en mis manos, recordando perfectamente el momento en el que fue tomada, y sonrío con nostalgia. Cuando era pequeño juraba tener poderes y ella no hacía más que alimentar aquella locura, desplomándose con mi gran fuerza o desapareciendo ante mis ojos cuando gritaba las palabras mágicas; si supiera cuanto desearía tenerlos realmente y lograr traerla devuelta a la vida…
Fueron tantas noches las que soñé que regresaba, fueron tantas noches las que la volví a perder; tantos días ideando planes que no llegaron a completarse, tantos días queriendo aniquilar el mundo entero y reducirlo a cenizas, tantos momentos en los que quise rendirme y dejarme ir. Tanto dolor para llegar hasta aquí, a menos de veinticuatro horas de lograr mi cometido y hacer que todos paguen por habérmela arrebatado.
Siento que su fotografía me sonríe más que nunca, su rostro incluso parece brillar, pero no dejo de tener está extraña sensación en el pecho, como un susurro que no llego a escuchar, algo así como un presentimiento de los que mi hermana siempre suele hablar y yo nunca puedo descifrar.
Tengo mi traje listo para el show, mis zapatos relucientes y la mente enredada, pero ya no hay espacio para pensar si esto, finalmente, está bien o está mal porque el tiempo es un ladrón ya se ha llevado de mi vida lo único que no estaba dispuesto a entregar.