—¿Cuántos años tiene su hija, nana? —cuestiono mientras le ayudo cortando verduras. —Ella tiene treinta años, hija —menciona con una sonrisa. —Debe de estar muy feliz al tenerla como madre. Yo lo estaría —ella me sonríe pero no responde. Coloco las verduras perfectamente rebanadas dentro de la cacerola y luego me encargo de lavar lo que utilicé. —¿En que más puedo ayudarte, nana? —la observo con atención. —Con eso es suficiente. Muchas gracias, mi niña —planto un beso en su mejilla y salgo de la cocina. La mansión se encuentra demasiado silenciosa, generalmente siempre se oyen a los hombres de Bruno charlando o a Bruno dando órdenes a todos. Veo que la única persona que se encuentra aquí es Anton, me acerco dudando hacia él y me observa con atención. —¿Qué necesita, señora? —habla t

