Ambos han guardado silencio absoluto.
—¿Por qué estabas hablando con Dustin sobre La Bratva? —observo a Bruno fijamente.
—Porque son un grupo de futuros inversionistas —en ese momento rompo un jarrón con una bala.
Luca estaba a punto de ponerse en pie y acercarse a mí pero le apunto a la vez que le observo con mi peor mirada.
—Tú te quedas quieto, Luca —hablo entre dientes—. Y tú no te creas que me verás la cara de idiota —observo a Bruno sin dejar de apuntar a Luca.
—Es lo que son —se encoge de hombros con simpleza.
—¿Es que acaso mi hermana tiene cara de idiota, Russo? —bufa mi hermano hacia el italiano.
—Tú eres quien ha dicho que no hablase. No lo he hecho —gruñe.
—¡Pero ya es tiempo de que ambos me expliquen! —exclamo.
—Tienes razón, Ky —suspira Luca.
—¿Quieres saber primero lo de La Bratva o lo demás? —observo al italiano el cual está totalmente serio.
—Lo demás. Porque es obvio que La Bratva es lo último que ha sucedido y tiene un enlace con lo que me han ocultado —ambos asienten lentamente—. ¿Quién empieza? —tomo asiento en la encimera, sin dejar de observarles.
Bruno me sostiene la mirada sin mostrar alguna expresión en su rostro y mi hermano mantiene su cabeza gacha. El italiano asiente lentamente para si mismo, de forma que se estuviese respondiendo algo dentro de su cabeza.
—Tú no estás aquí por una casualidad, dea —elevo mis cejas de forma sarcástica ante lo que acaba de decir.
—Eso lo sé, Russo —suspiro pesadamente—. ¿Qué más sabes al respecto? —se encoge de hombros.
—Tu hermano tiene todas, o la mayoría, de respuestas que buscas —murmura y poso mis ojos en mi hermano.
Éste ya había elevado su cabeza y se encontraba observándome algo triste.
—Te escucho, Luca —dejo mi arma sobre la encimera a mi lateral derecho y finalmente cruzo mis brazos sobre mi pecho.
—El motivo por el cual acabaste junto a Russo es por pura protección —coloco mis ojos en blanco.
—Esa historia ya la he oído antes —con Bruno intercambio miradas de forma rápida y vuelvo a observar a mi hermano—. Quiero saber la realidad de todo esto —doy un puñetazo a la encimera.
—Hay algo que te he ocultado —espero a que prosiga—. Nuestro padre tiene el mando de la mafia rusa. Cuando eras pequeña trató de venderte a sus socios pero esta última vez quisieron matarte —parpadeo varias veces ante lo que acabo de oír.
—¿Y por qué es algo bueno el que esté bajo las órdenes de Bruno? —enarco una de mis cejas.
—Para protegerte de los negocios que quería hacer papá —suspira—, tuve que meterme en la mafia pero con los años he hecho enemigos, los futuros socios de papá y nuestro propio padre —eso no me toma por sorpresa.
El prospecto que se hacía llamar "padre" nunca fue un modelo a seguir. No recuerdo ni una sola cosa que haya hecho por nosotros; siempre nos trataba de forma pésima, discutía demasiado con mi madre y eran pocas las ocasiones las cuales se encontraba en la casa.
—Gracias a este mundo asqueroso, logré conocer personas en las que se puede confiar. Bruno es uno de ellos —explica—. Fue por personas así que logré descubrir que Paul quería encontrarte y matarte —arrugo mi entrecejo.
—¿Y por qué razón me quiere matar? —el italiano suspira y se pone en pie.
—En el mundo de la mafia se ataca, generalmente, al punto débil de los enemigos —le observo con atención—. De esa forma quedará desestabilizado y podrán atacar en su contra —murmura.
—Entonces, tú también estás en este mundo —él asiente lentamente.
—Por esa razón estás en la mansión, dea —me observa con atención.
—¿Y cuándo te involucraste tú, Luca? —observo a mi hermano.
—Yo con diecinueve años me metí en el mundo de la mafia, ya que no soportaba saber que un padre era capaz de querer vender a su hija menor a mafiosos asquerosos —Bruno le regala una mala mirada—. Papá no se había percatado, hasta que tú comenzaste la universidad y te mudaste aquí pero él quería entregarte a esos perversos.
—Lamento tener que oír eso, Luca —susurro.
—Tú sabes que eres el mejor tesoro que nuestra madre me pudo haber dado. Eres mi talón de Aquiles, al igual que lo era mamá, a ti te hacen algo y yo me muero, Kylie —se acerca a mí y sujeta mis manos con suavidad—. Necesitaba que estuvieses a salvo y tuve que recurrir a Bruno; sabía que él podía protegerte con su vida y por esa razón estás aquí —sus ojos no se quitan de los míos, está diciendo la verdad.
—Pudiste haberlo mencionado, Luca —murmuro angustiada—. Tú no sabes por lo que tuve que pasar a manos de nuestro padre luego de la muerte de mamá —me interrumpe.
—¿De verdad me estás hablando? —se aleja unos centímetros de mí y me observa alterado—. ¿Crees que me gustaba ver como papá te ofrecía por miles de dólares?, ¿crees que era divertido como él me enseñaba a "dirigir el legado familiar" y les mostraba fotos de su hija desnuda? —habla entre dientes—. ¡Pues no! —exclama—. ¡No fue nada bonito ver como mi hermanita, mi princesa, era tratada de esa forma por su propio padre! —veo el dolor en sus ojos.
—Eso no es nada —desvío mi mirada y susurro por lo bajo.
—¿No es nada?, ¿de verdad? —Bruno lo detiene.
—Deja que hable, Luca —suelta con su mayor tono autoritario.
—A ti no te despertaban a medianoche, tocándote, mientras te obligaban a hacer silencio porque si no acabarían con tu vida —suelto entre dientes conteniendo mis lágrimas al revivir cada maldito recuerdo—. No te violaron siendo solamente un niño. Tampoco tuviste que presenciar como tu padre y tu tío asesinaban a tu madre —bajo mi mirada—. Sé que son dolores diferentes pero no es lo mismo —lo enfrento.
—Kylie, yo... —niego.
—Cada uno está resistiéndose al fuego del infierno de formas diferentes —murmuro—. No es tu culpa, Luca. Nuestro padre no merecía tenernos por hijos y tampoco mereció tener a nuestra madre en su vida —bajo de la encimera.
—¿Fuiste testigo de la muerte de tu madre? —cuestiona el italiano y asiento—. ¿Hace cuánto fue? —suspiro y clavo mis ojos en mi hermano.
—Era una niña, no recuerdo que edad tenía —miento.
—No debiste de haber visto eso, Ky —simplemente me encojo de hombros ante el comentario de mi hermano.
—¿Qué tienes de especial que tú si puedes protegerme? —clavo mis ojos en el italiano.
—¿Recuerdas como me llamó Alek la noche que te apuntó? —Luca lo aniquila con la mirada.
—¡¿Cómo que le apuntaron?! —Bruno lo silencia elevando su mano.
—¿Lo recuerdas, dea? —asiento.
—El Diablo —susurro y él simplemente se acerca.
Toma mi mano entre la suya y besa el dorso de ésta.
—Soy Bruno Russo, o mejor conocido como El Diablo —sonríe de forma ladeada—. Soy el jefe de la mafia más poderosa de Italia y uno de los más temido por todos —me guiña.
—¿Y con este hombre me vienes a meter?, ¿qué clase de protección ves tú? —observo a Luca seria.
—De verdad, puedo protegerte, dea —susurra.
—Sí, como no —coloco mis ojos en blanco—. Por eso casi muero —me observa serio.
—¡TE DIJE QUE DEBÍAS PROTEGERLA, RUSSO! —grita mi hermano causando que Bruno bufe.
—Eso es lo que hago día tras día —le regala una falsa sonrisa—. ¿Acaso la ves muerta? —me señala—. Está en perfectas condiciones físicas, de las cuales no te daré detalles porque es tu hermana y te respeto —en ese instante las venas del cuello de mi hermano resaltan.
Transcurren unos pocos segundos.
—¡¿TE ACOSTASTE CON MI HERMANITA?! —hago una mueca por el grito que acaba de dar mi hermano y Bruno rueda sus ojos.
—Ay, por favor —suspiro—. Luca, no es sorpresa que me acueste con alguien —me encojo de hombros.
—Él solamente debía cuidarte —aniquila al italiano—. ¡No debías acostarte con ella, imbécil! —se lanza sobre Bruno para golpearlo pero éste saca su arma y le apunta.
Mi hermano le imita y ambos se observan con odio.
—¿Acaso son idiotas o qué? —ambos me observan—. Primero hacen tratos para mantenerme a salvo y ahora están apuntándose el uno al otro —suspiro.
—En las reglas planteadas se había acordado que él no podía tocarte —gruñe entre dientes y sostiene con firmeza su arma para luego cargarla.
—Suelta eso, Luca —habla el italiano—. Tú sabes que estás perdido ante mí.
—Teníamos una regla, Russo —musita Luca—. ¿Cómo pudiste? —simplemente ruedo mis ojos.
—Ella comenzó a provocarme —inconscientemente río y me observa—. El día que la conocí intentó que tuviésemos sexo —arrugo mi entrecejo.
—Si el día que te conocí fue en tu falso club —ambos niegan—. ¿Cómo que no?
Les quito las armas a ambos golpeando sus muñecas.
—Es necesario para evitar que cometan una estupidez —murmuro—. ¿Y a ti cuándo te conocí? —observo a Bruno.
—Hace algunos años. Pero eso no importa —se acerca hacia la puerta de la cocina—. Estaré en el despacho. Cuídate, Luca.
—Tú no te pases de la raya con mi hermana —alza una ceja.
—Ya lo he hecho y más de una vez —me guiña y se va en dirección al despacho.
Observo a Luca y él medio sonríe.
—¿Por qué no me habías contado nada, Luca? —murmuro.
—Necesitaba protegerte, pequeña —acaricia mi cabello—. No sabes lo horrible que oír los sucios planes de papá para venderte a sus socios, la forma en la que hablaban de lo que te haría y los horrores que decía Paul —hace una mueca de disgusto.
—Sabes que he podido cuidarme sola —él niega.
—Esta vez es distinto, Ky —me observa algo triste—. Tú sabes como es Paul. Te necesito viva y sé que Bruno puede mantenerte a salvo —simplemente suspiro.
—¿Te quedarás, Luca? —niega.
—Solamente quería saber cómo estabas —sonríe—. Prometo que volverás a verme pronto. Si necesitas mi número se lo pides a Bruno, así podrás contactar conmigo —asiento lentamente.
Le doy un fuerte abrazo el cual él devuelve sin pensarlo dos veces.
—Te extraño mucho, Luca —susurra y le oigo suspirar con pesadez.
—Créeme que yo te extraño todos los días, pequeña —acaricia mi espalda y besa mi coronilla—. Estoy haciendo hasta lo imposible para que estés a salvo —me observa melancólico.
Le devuelvo su arma y él la coloca en la pretina de su pantalón.
—Haz caso a lo que diga Russo, él está haciendo lo correcto para cuidarte —suspiro desganada—. Es por tu bien, Ky —hago una mueca.
*Hay muchas cosas que quiero contarte pero no puedo, hermano.*
—Lo intentaré —susurro.
Ambos caminamos hacia la puerta principal.
—Te quiero, pequeña —remueve mi cabello.
—Yo a ti, Luca —sonríe.
Besa mi frente y sale de la casa.
Camino hacia la cocina nuevamente, tomo mi arma y la guardo en mi ropa. Tomo la de Bruno y voy hacia el despacho del italiano.
Abro la puerta lentamente y allí se encuentra con unos papeles entre los dedos. Me acerco hacia su escritorio y dejo su arma frente a él.
—Gracias, dea —susurra y simplemente asiento.
—Necesito saber algo y que respondas —have una mueca.
—No puedo asegurar eso pero tú dime —suspiro profundamente.
—¿Paul Kuznetsov se ha enfrentado a Luca para matarle? —simplemente desvía su mirada.
—Sí, más de una vez —asiento lentamente y salgo del despacho con dirección a mi habitación.
Lanzo un florero que tenía en la habitación provocando que se vuelva añicos y el agua empape todo el piso.
—Juro por mi madre que te voy a encontrar y voy a acabar contigo, Paul Kuznetsov —hablo entre dientes completamente enfadada—. No descansaré hasta verte muerto.
La puerta se abre de un golpe y veo a Bruno apuntando con el arma.
—¿Qué fue ese ruido? —recorre toda mi habitación con la mirada y luego me observa a mí—. ¿Te encuentras bien?
—Solamente rompí un florero —me encojo de hombros.
Deja su arma sobre mi mesa de noche y se acerca a mí para posar sus manos sobre mis caderas.
—¿Quieres sexo, dea? —susurra de forma seductora.
—¿Piensas animarme con sexo? —me sonríe de forma ladeada.
—Últimamente nos ha funcionado, dea —relame sus labios.
Acaricio su cuello con la punta de mi dedos y ataco sus labios como si de mi presa se tratase. Me alza en el aire, coloco mis piernas alrededor de su cintura y mi espalda choca contra la pared.
Bruno jala hacia atrás mi labio inferior y luego comienza a atacar mi cuello con mordiscos, chupetones, lametazos y demás.
Mis manos se encargan de desabotonarle la camisa con prisa y él quita la blusa deportiva que llevaba. Me quita el sujetador y comienza a chupar con deleite mis pechos, muevo mi cabeza hacia atrás y suelto suaves gemidos. Me deja en el suelo y arranco su camisa para lanzarla por alguna parte de mi habitación, lanzo a Bruno sobre la cama y me coloco encima de él con una sonrisa de picardía.
Resfrego mis pechos sobre su rostro y él muerde mis pezones. Hago un recorrido con mi lengua desde su abdomen, llego a su cuello dejando mordiscos y chupetones, por último me detengo en sus labios para besarlos con toda la sensualidad que puedo.
Alcanzo unas esposas que tenía en la mesa de noche, tomo sus manos con delicadeza y lo dejo esposado a la cabecera de mi cama, me separo de sus labios mientras le sonrío.
—¿Esto significa que vas a tener el mando hoy? —sonríe de lado.
—Exactamente, Russo —me levanto de encima de su cuerpo y quito sus pantalones de un tirón.
Me deshago de mis zapatos junto con los shorts que traía puestos, quedo solamente en bragas. Vuelvo a colocarme sobre su cuerpo pero esta vez me siento sobre su entrepierna y comienzo a rozar su sexo con el mío sobre la tela de nuestra ropa interior. Siento como su erección comienza a formarse debajo de mi entrepierna y le dedico una sonrisa ladeada.
—Dea, quítame las esposas porque quiero tocar todo tu cuerpo —remueve su cuerpo debajo del mío—. No me es suficiente solamente con observarte —se queja para luego relamerse los labios.
—No —me agacho hacia sus labios y los muerdo—. El juego es que puedes ver pero no puedes tocar —le regalo una guiñada.
Quito sus bóxers y con lentitud y sensualidad bajo mis bragas, así quedo completamente expuesta ante él. Tomo un envoltorio plateado que tenía en la mesa de noche y visto el daño de Bruno con el látex del preservativo. De un sentón introduzco su m*****o dentro de mi v****a.
Comienzo haciendo suaves movimientos hasta que de un momento a otro comienzo a ser fuerte y rápida. Con cada nuevo sentón que doy y la rapidez con la que deslizo su m*****o dentro de mí mis gemidos son insilenciables.
Deslizo mi mano acariciando mis pechos, mientras que llevo mi cabeza hacia atrás dejando escapar mis gemidos y Bruno mueve su cadera logrando que con cada movimiento que yo hago se sienta en lo más profundo de mí cavidad.
—Ti muovi deliziosamente, dea —gruñe.
Me muevo con más rudeza al sentir que estoy por llegar a un escandaloso orgasmo. Mi v****a comienza a palpitar al igual que la polla del italiano dentro de mí. Estallo y mi cuerpo se encuentra completamente sudado, siento como el líquido caliente de Bruno llena el preservativo por completo. Le quito las esposas, las dejo donde estaban y me levanto de encima de su cuerpo.
Me siento a un lado de la cama mientras que envuelvo mi cuerpo desnudo con la sábana.
—Es estúpido que te cubras, ya he visto todo lo que debía ver —baja la sábana de mi cuerpo con suavidad y luego su mano acaricia mi espalda.
—Sal de la habitación —murmuro sin voltear.
—¿Quién dijo que me iría? —lo imagino enarcando una de sus cejas.
—Yo, porque la primera vez que lo hicimos bien dijiste que solo eramos eso —volteo para verlo a los ojos—, para tener sexo y acabamos de hacerlo. Puedes largarte —vuelvo a envolver mi cuerpo en la sábana y me levanto de la cama.
—El hecho de que me quede unos segundos más no significa que vaya a enamorarme de ti, dea —ríe con sorna.
—Tranquilo que tampoco pienso enamorarme de alguien como tú —imito su risa—, pero cuando vine a esta casa bien recuerdo que tus palabras fueron "debes acatar cada una de mis reglas" o algo así, no me importa —me encojo de hombros—. Bien, las estoy acatando. Toma tu ropa y sal de aquí —señalo la puerta y él se va con su ropa en mano.
~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~
Traducción:
Ti muovi deliziosamente, dea = Te mueves deliciosamente, diosa.