—Ahora al centro —golpeo el centro del saco de boxeo—. Izquierda, derecha y abajo —el último golpe hace que el saco se aleje y casi golpee a Bruno, pero este lo sostiene entre sus manos.
Suspiro y aparto un mechón de mi frente mientras que Bruno se acerca a mí.
—Has tenido grandes avances, bien hecho, dea —quita la tapa de una botella de agua y me la entrega.
Doy un gran sorbo y luego hablo.
—Gracias —murmuro casi sin aliento.
—¿Sientes tus cambios? —me observa fijamente.
—Eso creo —frunzo mi ceño—. Mis golpes son más directos y siento que no son tan predecibles como antes... —Bruno medio sonríe.
—Estás en lo cierto pero aún debes pelear cuerpo a cuerpo para ver si es totalmente así... —guarda algunas cosas en su respectivo lugar.
—Entonces pelea conmigo —lo desafío.
Bruno suelta una risa amarga ganándose una mala mirada de mi parte.
—¿Cuál es el chiste? —lo observo seria—. Mejor cuéntalo así también me río —me encojo de hombros.
—No puedes pelear contra mí porque he sido quien te ha entrenado. Sé que movimientos usarás, sé tus métodos de defensa y no sería justo porque perderías —sonríe de lado.
—Entonces llama a alguno de tus amigos, seguro podré con ellos —muerdo mi labio inferior con lentitud.
—Lo pensaré pero por hoy es suficiente, mañana veremos —me quito los guantes de boxeo y los coloco donde van.
—Que aguafiestas —bufo.
Bruno me lanza mi bolso y lo atrapo entre mis manos para luego arquear una ceja.
—Vamos a la mansión —sale del gimnasio y camino detrás de él.
‖ ... ‖
Salgo de la habitación con intención de ir a la empresa Fénix a trabajar. En el momento en el que mis dedos rozan el picaporte de la puerta, la voz de Bruno me detiene.
—¿Dónde se supone que vas, dea?
—Al trabajo —hablo en tono de obviedad sin voltearme.
—Hoy no irás, ya que habrá una fuerte tormenta. Olvídate de salir de aquí por hoy —sus ojos provocarían miedo en cualquiera, menos en mí.
—Como si el dinero creciera en árboles —ruedo mis ojos—. Hay personas que debemos de trabajar para poder solventarnos. No llueven cosas del cielo —volteo por primera vez y veo que mete su mano dentro de su chaqueta—. No aceptaré tu sucio dinero; no soy una mantenida, puedo conseguir dinero por mi propia cuenta y para algo trabajo.
Abro la puerta y pongo un pie fuera.
—Sales de la casa y juro que no respondo de mí —su tono frío me perfora los oídos
Suelto una risa amarga y observo mis pies.
—Como si me dieses miedo —salgo de la casa y un disparo perfora una de las macetas que había allí.
Volteo hacia él y sostiene su pistola con una sola mano.
—¿Vas a dispararme acaso? —alzo una de mis cejas—. ¿El "protegerme" trata de dispararme y matarme?, házlo —extiendo mis brazos a mis laterales y le desafío con la mirada—. Dispara.
Me apunta con su arma unos segundos, se oye un disparo y el enorme estruendo de un cristal haciéndose añicos.
Observo hacia afuera y el vidrio del coche está completamente roto.
—No actúes como idiota. Ve a la habitación porque yo le avisé a tu jefe de que no asistirás hoy —coloca el arma en la pretina de su pantalón.
—Será mejor que te cuides, idiota —suelto con ira y subo las escaleras.
Lanzo mi bolso sobre la cama, me quito la ropa que llevaba puesta y voy hacia el baño.
El agua caliente abraza mi cuerpo y coloco mi gel de baño sobre él. Se oyen golpes en la puerta y ruedo los ojos al saber quien es.
—No voy a abrir. Vete —masajeo mi cabello formando espuma en él.
—¿Quieres que entre entonces? —bufo por lo bajo.
—Espera cinco minutos, j***r —enjuago el shampoo de mi cabello, coloco acondicionador y luego de también enjuagarlo salgo de la ducha.
Envuelvo mi cuerpo en el albornoz de baño, mi cabello en una toalla y abro la puerta.
—¿Qué quieres? —cruzo mis brazos sobre mi pecho.
—A ti —sonríe a un lado.
—¿A qué cojones vienes? —cuestiono irritada.
—Venía a avisarte que no podremos salir de la mansión hasta mañana por la tarde, así que mañana tampoco irás a trabajar —lo observo estupefacta.
—¿Qué juego es este? Porque estoy harta de todas estas estupideces, las cuales tampoco me explicas —lo aparto de un empujón para ir hacia mi armario.
—No te lo diré porque tú no vas a involucrarte en esto —se acerca a mí y siento su respiración en mi cuello.
—Déjame decirte que al hacer que vaya en tu lugar a esa estúpida cena, terminé más involucrada de lo que piensas —volteo hacia él y veo que aprieta su mandíbula.
—De hecho, no es así —medio sonríe.
—Como se nota que no estuviste ahí —bufo.
—Siempre estoy, dea —quita la toalla de mi cabello.
—Sí como no —me alejo de él y me siento en la cama—. Si según tú no te gusta que lastimen a las mujeres, ¿por qué esa pobre mujer murió a manos de Alek? —alzo una ceja.
—Alek mató a un peón de alguien peligroso. No era una prostituta como te hizo creer —desvía su mirada.
—¿Puedes explicarte sin hablar en códigos? —mi paciencia está por llegar a su límite.
Bruno niega.
—Eso no sucederá —murmura sin quitar sus ojos de los míos.
Asiento lentamente para luego levantarme y señalar la puerta de la habitación.
—Entonces, lárgate de mi habitación —suelto firme.
No responde solamente se lanza sobre mí y comienza a besarme con furor. Golpeo su pecho pero para él es como si un bebé lo golpease, no respondo ante sus besos ni sus caricias y entonces él se separa de mis labios para observarme.
—¿Qué tienes? —entrecierro mis ojos ante su pregunta—. ¿Acaso no quieres hacerlo?
—No todo es sexo en esta vida y debe de ser que está por llegar mi periodo —lo empujo con toda mi fuerza logrando que su espalda choque contra la pared.
—Entre tú y yo todo es sexo —alza su ceja.
—Pero para lograr eso ambos debemos querer —me acerco hasta él y rozo mis labios con los suyos—. ¿Y sabes qué? —hago una pausa—. Yo no quiero —sonrío sarcástica—. Ahora, ¡vete de mi habitación! —vuelvo a señalar la puerta.
Bruno posa su vista en mis labios luego pasa a mis ojos. Transcurren unos segundos y abandona mi habitación.
Volteo mi rostro hacia el gran ventanal y observo como cae la lluvia. Camino hacia él, abro puerta corrediza de cristal y salgo a la terraza, gracias al techo que hay sobre esta no me moja la lluvia. Apoyo mis antebrazos sobre el barandal e inspiro el grandioso aroma a la tierra mojada. De repente el frío se cuela por debajo de mi albornoz, vuelvo a mi habitación y busco algo que ponerme. Una vez que estoy vestida, tomo mi libro junto con mi teléfono en mano y bajo a la sala, tomo asiento frente a la puerta de cristal que da al patio para comenzar a leer.
‖ ... ‖
Las horas habían pasado rápidamente. Acabé de leer el libro, así que me levanto del sofá y voy hacia la cocina.
—Hola, mi niña —sonríe Rita mientras corta unos vegetales.
—Hola, nana —le devuelvo la sonrisa.
—¿Quieres algo de comer o esperarás a la cena, hija?
—Espero por la cena, nana. No te preocupes —ella asiente y continúa cortando vegetales—. ¿Quieres que te ayude?
—No, mi niña. Vaya a leer su libro o haga alguna otra cosa, puedo hacer esto sola. Gracias por ofrecer su ayuda —me da una dulce sonrisa.
—¿Segura, nana?
—Muy segura, mi niña —asiente.
—De acuerdo, voy a estar en mi habitación —abro la nevera y saco una botella de agua.
—Cuando la cena esté lista, la llamo —asiento y subo a mi habitación.
Me siento en la cama y dejo la botella de agua sobre la mesa de noche. Me sobresalto al oír la puerta siendo golpeada contra la pared y luego ser trabada con seguro. Coloco mis ojos hacia el frente y Bruno se está desvistiendo con prisa.
—¿Qué mierda haces entrando en mi habitación así? —uso mis rodillas de apoyo sobre el colchón y le observo.
—Quiero sexo y no puedo salir de la casa para conseguir a otra persona —se acerca como si estuviese a punto de cazar a su presa.
—No me vas a venir a tomar como si fuese tu último recurso —lo empujo pero no cae al suelo, solamente termina lejos de mí por unos centímetros.
—No eres el último —se acerca a mí nuevamente y toma mi rostro entre sus manos acercando mis labios a los suyos—. Sei sempre la prima che voglio scopare, sei il peccato che devo sempre commettere, dea —muerde mi labio inferior con sensualidad.
Entrecierro mis ojos estudiando los suyos.
—No entiendo ni lo más mínimo de lo que estás diciendo, pero el follarme esta vez no será fácil —paso mi lengua por sus labios y me suelto de su agarre para luego alejarme de él.
Oigo como se acerca hasta mí y su respiración caliente choca contra mi cuello. Sus manos atrapan mis pechos y los aprieta, aparto sus manos y vuelvo a alejarme de él saliendo a la terraza. El frío viento eriza mi piel y para mi sorpresa Bruno me arrincona contra el barandal de la terraza, haciendo que nuestros labios rocen.
—Si me estás desafiando a que te folle en la terraza, me importará poco si alguno de los vecinos nos ve pero —vuelve a mi habitación y sale con su camisa en mano, la deja sobre el sofá para volver a acercarse a mí— ...cuando te desnude, te pondrás eso —frunzo el ceño.
—¿Por qué mierda... —me interrumpe.
—Porque si nos ven los vecinos, no quiero que ninguno vea el hermoso cuerpo el cual me pertenece, dea —susurra mientra sostiene mi barbilla con suavidad.
Coloco mi mano en su nuca y ataco sus labios con furor. Bruno lleva sus manos a mis caderas sosteniéndolas con firmeza y pegándome más contra su erección. Se separa de mis labios quitándome la blusa y luego la falda. Quedo en ropa interior frente a él, el frío hace que se me ponga la piel de gallina.
—Sei una dea —susurra y muerde mis labios.
Toma la camisa del sofá, la coloca sobre mi cuerpo y luego me quita las bragas.
—Será el mejor sexo que tengas en tu vida —deposita un beso sobre mi cuello y luego me lleva hacia el sofá.
—¿No que según tú ya había tenido el mejor sexo todas las veces en las que lo hicimos? —murmuro.
—Todas las veces que te haga mía lo serán, pero esta más —siento como su glande roza mi clítoris y luego se acerca a mi entrada torturando mi mente—. j***r, estás empapada y ni siquiera te he tocado —deja un rápido beso sobre mis labios.
—Deja de hablar y mejor mete tu pene en mi v****a —ordeno.
—Tus deseos siempre serán ordenes, dea —dicho eso de una profunda penetración ya se encuentra dentro de mí.
Suelto un gemido debido a su fuerza para introducirse en mí. Él comienza a moverse llegando hasta lo más profundo de mí. Los rayos y relámpagos son el sonido que nos acompaña, mis gemidos son ahogados en el hueco de su cuello mientras que Bruno gruñe y muerde la piel del mío.
—Sei il mio diavolo, il mio piccolo diavolo squisito —susurra con su voz teñida de deseo.
Simplemente atrapo sus labios en un beso salvaje y finalmente muerdo su labio inferior con sensualidad. Sus penetraciones son cada vez más profundas pero rápidas, lo que hace que mi cabeza dé vuelta, arqueo mi espalda sobre el sofá y elevo mis caderas para poder recibir mejor sus penetraciones, lo cual hace que mis gemidos se oigan más. Siento como por mi torrente sanguíneo comienza a correr el placer, indicador de que estoy por llegar a un magnifico orgasmo pero este es interrumpido debido a que Bruno se sienta en el sofá colocándome sobre sus piernas.
—¿Qué acabas de hacer? —le dedico una mala mirada.
—Quiero que me cabalgues —colocas sus brazos sobre el respaldo del sofá y me observa sin expresión alguna.
Lo observo a los ojos mientras que le doy una sonrisa ladeada y entonces coloco mis manos sobre su pecho para luego comenzar a moverme el círculos sobre su polla. Primero me muevo de una forma lenta, lo cual le es torturante debido a la expresión que tiene en el rostro.
—j***r, te mueves como una jodida dea —gruñe sosteniendo mis caderas.
Es entonces cuando comienzo con los movimientos rápidos de arriba hacia abajo, echo mi cabeza hacia atrás entreabriendo un poco mis labios y dejando salir pequeños gemidos. Luego doy sentones sobre él, haciendo que su polla se introduzca duramente hasta mi tope. Bruno lleva sus manos hacia mi trasero y baja un poco más la camisa de él que llevaba puesta.
Mientras daba duros sentones sobre su polla pude ver como en uno de los edificios de la lejanía había dos hombres masturbándose así como si nada.
—Bruno, dos hombres nos están viendo —jadeo sin dejar de moverme encima de él.
—Dales el espectáculo que desean ver —cuela su mano dentro de la camisa acariciando el valle de mis pechos guiando su mano hacia abajo, hasta que se encuentra con mi clítoris mientras que comienza a estimularlo como si de ello dependiera su vida.
Mis fuertes gemidos no tardan en salir de mi boca. Me muevo con más rapidez sobre la gruesa y venosa polla de este hombre, logrando que me tome por el cabello con la otra mano que le quedaba pegando su boca a mi oído para poder oír sus gruñidos. Siento como mi coño comienza a palpitar al igual que la polla de Bruno, los dedos de él comienzan a moverse con más agilidad sobre mi clítoris y yo con más rudeza sobre su falo hasta que ambos estallamos.
Une su frente contra la mía, nuestras respiraciones agitadas se mezclan y él coloca su mano sobre mi mejilla. Me quita de encima de él, recostándome en el sofá y abriendo mis piernas para luego introducirse entre ellas. Gimo al sentir como su lengua caliente y húmeda comienza a lamer mi orgasmo. Con mi mano hundo más su cabeza allí para poder sentirlo mejor, muerde mi clítoris haciendo que un gemido mezclado de placer y dolor se escape de mi boca. Se separa de mi intimidad y me tiende la mano.
—Volvamos dentro, yo creo que los vecinos ya tuvieron suficiente espectáculo por hoy —tomo su mano y nos introducimos en mi habitación.
Bruno aún está desnudo, su pene ha vuelto a estar erecto y se acerca cada vez más a mí.
—Dije que sería el mejor sexo —murmura observando fijamente mis ojos verdes.
—Pero puedes estar mejor —me quito su camisa y se la lanzo en la cara—. Ahora sal de aquí, debo ducharme —me quito el sostén frente a él haciendo mis pechos capten su atención y muerda su labio inferior.
—Te acompaño y de paso repetimos. Estoy deseoso. La tormenta hace que quiera mucho sexo, dea —me acorrala contra la puerta del baño y nuestros pechos desnudos se tocan entre ellos.
—Suficiente por hoy, campeón —palmeo su pecho.
Abro la puerta del baño y me aparto de él, introduzco mi cuerpo en la ducha para luego abrir la llave de agua y dejar que esta empape mi cuerpo. Unos segundos después siento el frío de los azulejos en mi espalda y la dura y caliente erección de Bruno punzando en mi entrepierna.
—Vamos a hacerlo otra vez porque veo el deseo en tus ojos —pasa su lengua por mi cuello.
Unos golpes en la puerta hacen que Bruno se separe de mi cuerpo.
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¡Hola, preciosuraaas!
Traducciones:
Sei sempre la prima che voglio scopare, sei il peccato che devo sempre commettere, dea = Siempre eres la primera a la que me quiero follar, eres el pecado que siempre tengo que cometer, diosa.
Sei una dea = Eres una diosa.
Sei il mio diavolo, il mio piccolo diavolo squisito = Eres mi diablita, mi diablita exquisita.
Nos leemos pronto, PRECIOSURAAAAS!
Los adoro ❤️