-Tuvo mucha suerte señorita. La bala pasó limpiamente por las carnes y no comprometió las arterias-, le dijo el médico de la interpol que atendía a Paola en un peldaño de la ambulancia que se había estacionado junto a las otras unidades de la policía, en medio de un gran descampado. Las chicas estaban bien y fueron embarcadas de inmediato a un hospital cercano. El galeno le advirtió, sin embargo, a Paola que debía llevar un cabestrillo en el brazo. -Me duele mucho-, dijo ella tratando de contener las lágrimas. Tanya estaba sentada en el suelo, sudando aún, muy cansada y echando fuego de las narices. -No sé cómo pudimos meter a tantas chicas en el avión-, echó a reír Paola, sin dejar de amontonar sus lágrimas. -Yo tenía a dos en mis rodillas y una se me colgó del cuello-, siguió divirti

