Me despierto por un molesto sonido repetitivo que inunda toda la habitación. Parece que tiene rato sonando, lo que es raro porque usualmente no me es difícil despertar por el mínimo ruido. Supongo que todo el cansancio acumulado que llevaba fue más que suficiente para dormirme profundamente, rápido y sin que me diera cuenta, porque incluso se me son borrosos los recuerdos de la noche anterior luego de habernos acostado. No me demoro mucho en desperezarme y me intento levantar, pero de inmediato hay dos cosas que, entre mi bruma de sueño, noto que me impide ponerme de pie. La primera: tengo el brazo derecho totalmente dormido, pero no me asusto, después de nueve años durmiendo con cierta personita, no necesito ni abrir mis ojos para saber que pasó la noche usando mi brazo como almohada.

