Sigo con la mirada fija en el menú, tranquilamente sin querer prestarle atención al rostro desencajado de la rubia, la impresión de los dos mayores o la risa ahogada de Diego, ni siquiera me quiero fijar en la expresión que tendrá Gabriel. No me arrepiento de nada de lo que dije, pero si estoy un poco incomoda, sin embargo, la culpo a ella, si no fuese tan desagradable podríamos habernos ahorrado esta escena y tratarnos con una muy cómoda hipócrita cortesía. Eso hubiese sido lo más políticamente correcto, o en otro caso, simplemente ignorar la presencia de la otra, pero ella quiso orillarme a esto. – ¿Cómo te atreves? – su voz tiembla un poco y me hace levantar la vista para estar pendiente de su próximo movimiento. Sería el colmo que me lanzase un plato o algo – ¡Eres una…! – Eleonor

