Finalmente llegamos a la casa y tal como esperaba, y necesitaba, somos recibidos por mis niñas y la pareja que cuidaba de ellas. Como ya es costumbre, me acuclillo para atajarlas y levantarlas con ayuda de los dos hermanos junto a mí, pero la diferencia es el humor que nos rodea. Si, a ninguno nos sentó bien saber finalmente el motivo por el que Eleonor tanto insistía en hablar con Gabriel, así que después de dejar el restaurante, el camino estuvo sumergido en un silencio muy tenso. Siendo honesta, no tengo idea de que estaba pasando por la cabeza de ellos, pero por mi parte no podía dejar de pensar en Aurora y la preocupación que ahora debe estar sobre ella, por no hablar del dolor y el miedo de saber que la vida de su hija corre peligro y todo por su propia culpa. – ¿Qué ha pasado? –

