No pudo dejar de ver el lujoso lugar al que me trajo, tanto que no me siento ni un poco fuera de lugar con el largo y elegante vestido que cargo. Nada que ver con la primera vez que usé uno de estos. – Si desean algo más, pueden levantar la mano y estaré aquí enseguida – el amable chico nos deja los platillos frente a nosotros y se marcha con elegancia a otro lugar del restaurante. – ¿Te gusta? – pregunta el hombre frente a mí mientras ve fijamente como me llevo un trozo a la boca y degusto el postre. Cada pequeño gesto en él logra agitarme, lo sabe y le encanta tener ese poder sobre mí. – Tan delicioso como la cena – tres pequeños platos que en un inicio pensé que no me llenaría ni un poco pero que lo logró y además con satisfacción. Rose cocina delicioso, pero definitivamente nunca

