María parecía distante en un inicio, sentía que era una situación tensa pero poco a poco se dejo llevar por el contrario. Su cuerpo desnudo rápidamente agarró el calor. Tan así que sentía que ardía cuando lo tocaba. Henry la beso en sus labios y en su cuello. Al principio mantenía sus manos sobre su cintura pero tímidamente subían por su torso. La tensión desaparecía y el calor los cubría. María ya no podía resistirse al cuerpo que tenía en frente, a la persona dueño de todo. De repente un pensamiento apareció en su cabeza. No quería demostrar lo que era. Es decir, que si le demostraba que tenía más experiencia a Henry, quizás lo tomaría como una ofensa. Henry separó sus labios de su boca, le tomó el rostro y la miró preocupado. —Si no quieres, podemos detenernos. —No es eso. Sólo

