Estaba recostada en su cama, miraba el techo de su habitación y recordó los planes que tenía Eli de pintar estrellas en ella, para que así tuviera un cielo estrellado. Se sentía pésimo y aún más solitaria. La había estado pasando bastante mal, sobre todo cuando Eli la estuvo esquivando cada vez que se encontraban en la misma habitación. Eso le dolía, pero le dolía aun más lo que le había dicho. Si tan sólo pudiera retractarse de sus palabras. Todo sería diferente. De repente golpearon a la puerta. Emily no tenía suficientes ganas de levantarse abrir pero decidió hacerlo, después de todo no deseaba lastimar a nadie más. Abrió la puerta y allí estaba, la última persona que esperaba ver. Su padre. Traía un plato con un trozo de pastel de chocolate. —Padre, ¿Qué sucede? —Preguntó mientra

