Macarena tenía horario de vuelo a las nueve de la mañana ese viernes. Pero no completó ni tres horas de sueño la noche anterior; dando vueltas en su cama; pensado si llamaba a la morena, escribiendo largos textos que quedaron sin remitente, ante su imposibilidad de enviarlos; pensando en cada palabra pronunciada dentro de su vehículo; todo le martillaba la cabeza. Al estar lista para su nuevo día se miró fijamente en el espejo —lo que quedaba de ella después de semejante noche—, entonces decidió: que no podía irse de viaje y dejar todo así, ¿cómo esperar hasta el martes?, si Bárbara optaba por seguir ignorándola sin llamadas o sin wasapear en ese lapso; nada la había preparado para semejante incertidumbre o prueba, esa de vivir su día a día sin la presencia de su persona preferida en el m

