Al día siguiente, casi al mediodía, la claridad de un reflejo luminoso justo en su rostro la hizo despertar, estaba abriendo sus ojos y a la par se iba desencadenando la conciencia de su cabeza a explotar. El dolor le hizo cerrar los ojos de nuevo tomarse su cabeza y dar vuelta en sobre la cama, dejando caer su espalda y sintió, lo que asumió, un brazo… Se olvidó de dolor alguno y abrió sus ojos de golpe, se incorporó parcialmente sobre sus brazos en la cama y miró a su lado. ¡Oh mierda! No era su suite, se percató, no sintió ropa sobre su cuerpo y no sabía quién era la castaña que estaba en igual condiciones que ella, tirada sobre la cama con una sábana tapando apenas su desnudez. Nada era correcto. Nada. Y todo en su mente era confuso… La desesperación fue desoladora, quiso gritar

