—Amor, estás bromeando, ¿verdad? —preguntó Macarena totalmente absorta. —No, Macarena —reafirmó su petición tajantemente—, sé que no te debo prohibir nada, pero no quiero que vayas a ese viaje. —¿Por qué? —quiso saber. Borrando su sonrisa, presta a la atmosfera creada por la pelinegra. —Porque no quiero… —Lanzó el paño que tenía en sus manos y salió de la cocina. —Esa no es una respuesta —la increpó caminando detrás de ella—, explícate, sabes muy bien que ya me comprometí a ir. —¿Qué clase de compromiso ineludible puede ser ir a emborracharte con esa cuerda de irresponsables? —respondió cuando se detuvo en la sala, y giró sobre sus talones para desafiarla. —Son mis amigos respeta. —Pues no —le refutó, la molestia solo iba en aumento—, no los respeto, porque NO se han ganado mi res

