Bárbara se había quedado dormida en la cama de la rubia, abrazando su almohada. Quizás las emociones, el cansancio o el dolor la extenuaron al extremo. Cayó rendida, agotada y triste. Tal vez su mente la engaño a través de un sueño porque lentamente fue sintiendo como una persona se acostaba su lado, la abrigó un calor que era completamente detectado por ella como familiar, haciéndola sentir a gusto en medio de su descansar. Decidió seguir en su sueño, ese en el que Macarena estaba a su lado y no en un posible viaje hacia un lugar que ella temía. Seguía durmiendo, se acomodaba mejor a esa sensación. Después no fue solamente el calor familiar, sino los brazos que sentía rodeando su cintura. En conjunto con el suave y manso respirar de esa persona detrás de ella. Y suspiro, suspiro,

