Al día siguiente, la primera en despertar fue Bárbara, estaba exhausta, cada movimiento de su cuerpo —por más mínimo que fuese— se lo recordaba. Pero sonrió al rememorar el motivo, porque, ¡cómo lo extrañaba! Abrió sus ojos, con dificultad para graduarlos con la claridad de la habitación y en el proceso apreció a su querida novia acostada a su lado, profunda y plácidamente dormida. La sonrisa que observó le pareció la más hermosa del mundo, y más al intuir que dicho espectáculo ante sus ojos tenía su firma… La noche anterior fue una batalla campal en la cama, cada una deseaba tener el control; pero silenciosamente, en cuanto a hablar del tema se trataba, cada una dejaba que se intercalaran los rounds. Cada sesión, las cuales no pudo cuantificar, hasta que, en el último de esa madrugada,

