Ese día empezó mi nueva vida, lo que según serian unos cuantos días se convirtieron en tres semanas y contando, al parecer el patrón había tenido algunas complicaciones en sus negocios que lo hicieron alargar su viaje, o al menos eso es lo que me solía decir en los mensajes que me enviaba al teléfono de mi guardia personal, que por cierto su apellido es Alonso, después de algunos días conviviendo con él me di cuenta que no había tenido la cortesía de preguntar su nombre, a lo que él accedió, solo después de mucha insistencia, en darme su apellido, ya que tenía prohibido entablar conversación o portarse de manera informal conmigo, pero claro, tenía que entender que no toda la vida podía dirigirme a él como “Oye grandote”, ya que ahora era mi única compañía a donde quiera que fuera, claro ex

