9 —¿A dónde vas? Kira se detuvo, con su mano en la puerta principal. Asher tenía un poder sobrenatural para saber su ubicación, al parecer. Ella lo había acompañado al gimnasio a entrenar con Gabriel, lo miró cambiarse y empezar con una ronda de esgrima. Y, aun así, allí estaba él, pisándole los talones nuevamente. Antes, ella lo ansiaba, preguntándose dónde podría estar, qué podría estar haciendo. Ahora no podía quitárselo de encima, ni aunque quisiera, ni siquiera para ir a hacer recados. —Necesito salir —dijo, incapaz de reunir la fuerza para mirarlo, mucho menos para discutir con él. Las cosas habían estado muy difíciles desde que, finalmente, tuvieron sexo hacía unos días, y Asher parecía incapaz de apartarla de su vista. Y así fue. —Voy contigo —le dijo. —Bien. —Kira salió de l

