Pagamos la cuenta, y bebimos nuestra última margarita mientras esperábamos al taxi. El celular de Mire comenzó a vibrar con una llamada de Nicolás. Ella sin pensarlo dos veces le colgó. A lo que él siguió insistiendo. ¿No se cansaba de molestar? ¿Qué más quería? —Pero que pesado, va a agotar mi batería. ¿Por qué no te llama a ti? —No tengo móvil, lo dejé en su casa… —¿Lo dejaste en su casa? —me pregunto Mire asombrada —¿Y ahora cómo harás? —No lo sé Mire, no quiero pensar en eso… —Voy a bloquear a este imbécil. Mire lo bloqueo, pero a los segundos volvió a sonar su móvil con un número desconocido. —¡¿Qué es lo que quieres?! —gritó mi amiga por el teléfono. —Pásame con Alon, porfas —logré escuchar. —Estamos ocupadas. —¿Dónde están? —No estamos en San Francisco por si eso es lo qu

