08. La tormenta

1303 Palabras
08. La tormenta Capítulo ocho Lea Díaz —¿Qué hacer usted aquí? Ya es muy tarde, ¿No cree?— me encantaría saber cuál es su tono de voz, realmente lo desconozco. —Si, solo que el señor Núñez me asignó mucho trabajo. —Es su primer día, primero debieron mostrarle cuál era su trabajo, qué tenía que trabajar y cómo tenía que trabajar, no tenían que darle tanto trabajo sin usted saber qué hacer— Eso no hubiese pasado si usted me habría ayudado. —Pero está bien, eso ya no importa, lo importante es que finalmente ya me voy— este asiente de manera fría, y yo empiezo a caminar, pero en medio camino escucho un trueno muy fuerte y aterrador, y no puedo evitar correr hacia el Guapodioso. —Eres muy miedosa— exclama, mientras trata de hacer que me despegue de él, pero no cedo. —¿Acaso no te da miedo?— pregunto con incredulidad. A cualquier persona le daría miedo, ese trueno se escuchó muy fuerte. —No— después de otro trueno, me aferro más a su cuerpo cuando empiezo a ver todo oscuro a causa de que no hay luz eléctrica. El miedo me invade, y sin poder evitarlo me subo encima de él como un mono a un árbol. ¡Ay, que vergüenza!. "¡Ay, Dios, no me asuste, por favor!" es lo único que pienso cuando empiezo a escuchar truenos tras truenos, y empiezo a ver relámpagos y más relámpagos, lo que causa que cada vez me aferre más al cuerpo del Guapodioso. —Puedes... no sé... si te da la gana, ¿Puedes dejar de abrazarme tan fuerte?— me pregunta con su habitual tono frío, pero, a pesar de todo, niego con al cabeza. —¿Por lo menos puedes estar en el suelo?— vuelvo a negar con la cabeza y este suspira cansado. —Soy tu jefe, no es debido que estés tan aferrada a mí y mucho menos que estés encima de mí, literalmente. —No puedo, tengo miedo— la claridad enciega mis ojos. ¿Llegó la luz eléctrica, o es que ya me morí?. —Ya hay luz, ¿Puede alejarse de mi?— me alejo del Guapodioso y sin decir una palabra, camino hacia el ascensor, pero este no se cierra porque sus puertas son detenidas por los brazos del Guapodioso. El Guapodioso se queda parado en una esquina del ascensor, mientras yo estoy parada en la otra esquina, el silencio retumba en el ascensor y todo se vuelve incómodo. ¿El silencio retumba en el ascensor?. Todo está perfectamente bien, incómodo, pero bien hasta que el ascensor para de repente, y todo se vuelve oscuro. El miedo empieza a incídeme nuevamente, pero trato de quedarme lo más siquiera posible. —¿No me vas a abrazar?— pregunta confundido y sorprendido a la vez, pero a pesar de eso puedo escuchar un poco de tristeza en su tono de voz. —¿Qué?— pregunto confundida, volteo mi mirada hacia él, pero no veo nada porque todo está completamente oscuro, el miedo empieza a invadirme cada vez más y mi corazón empieza a latir desenfrenado. —No hay luz eléctrica, estamos atrapados en este oscuro ascensor hasta que haya luz eléctrica— me explica, y yo solo hago un sonido de afirmación. —Veo que no tienes miedo. —No. —Así es mejor— escucho unos pasos, pero no me interesa saber nada, así que me quedo totalmente tiesa. —No hay porqué sentir miedo— siento su respiración en mi nuca. —A menos de que veas a...— mi corazón empieza a latir de manera desenfrenada gracias al miedo que siento. —Un monstruo— exclama con voz tenebrosa. Estaba a punto de gritar, pero simplemente me quedé callada, no puedo demostrarle ninguna vulnerabilidad al Guapodioso, no es tan bueno como lo creí. —Mmm... veo que no tienes miedo, es lo mejor, así no me vas a abrazar— escucho algunos pasos y después dejo de sentir su respiración en mi nuca, pero aún así, sigo sintiendo calor. Después de unos segundos, siento como el ascensor empieza a descender nuevamente y no puedo evitar suspirar de alivio. Volteo la cara hacia el Guapodioso, pero solo veo como me mira de una manera fría, como si quisiese enterrarme viva. —¿Qué? ¿Qué pasa?— pregunto confundida. —¿Me abrazaste porque quisiste o porque en realidad si tenías miedo?— su mirada fría hacia mí, causa un poco de nerviosismo, pero no se lo demuestro. —Porque tenía miedo— le respondo. —¿Segura?— pregunta, mientras se acerca a mí. Ante su cercanía, mi corazón empieza a latir a gran velocidad, mientras siento como mi cara empieza a calentarse. —S-S-Si— ¿Por qué diablos tartamudeo justo ahora?. —¿Entonces por qué no me abrazaste esta vez?— me pregunta. ¿Acaso no fue él quien me pidió que no lo abrazara?. —U-Us-Uste-Usted m-me p-pi-pidi-pidió q-q-que n-no l-lo abra-abrazara— trágame tierra y escúpeme en Paris. —Entonces si le pido que se suicide, ¿Usted lo hará?— se relame los labios, su lengua casi rozando mis labios gracias a su cercanía. —N-No— tengo ganas de cachetearme a mí misma para ver si de una vez por todas puedo dejar de tartamudear. —¿Entonces por qué no me abrazó esta vez?. ¿Y este qué? ¿Está loco o trastornado?. Vamos, Lea, tú puedes defenderte de esta bestia hermosa. ¿Bestia hermosa? ¿Es en serio?. —Usted me lo pidió, además, usted es mi jefe y como usted mismo dijo anteriormente, yo no puedo abrazarlo, por lo mismo tanto, no lo abracé, ¿Hay algún problema con eso?— No puedo creer que lo hice. —No, no me importa si me abrazas, digo, no quiero que me abraces, ni siquiera te lo estoy pidiendo, no me hace falta, eres solo mi empleada. ¿Y este Guapodioso qué? ¿Se cree que es el rey de Roma? ¿O qué?. El Guapodioso se aleja de mí y después de unos segundos salimos del ascensor, estoy apunto de caminar hacia un taxi, pero siento como alguien me agarra el brazo. Volteo la cabeza, lista para darle un puñetazo al ladrón de mierda que me quiere secuestrar, pero cuando mi puño está casi cayendo en la cara del sujeto este me agarra la mano y así logra impedir que le de su merecido. Levanto la cabeza para ver quién es, y me sorprendo al ver al Guapodioso. ¡Ay que susto!. —¿Qué te pasa? ¿Me asustaste?— ups, se me olvidó que no puedo tutearlo, es mi jefe y me lo ha recordado dos veces en un día. —Yo...— lentamente suelta sus agarres en mis brazos. —¿Quieres ir a cenar conmigo?— lo miro confundida. —Es que no quiero que vayas a enfermar solo por haberte empapado por la lluvia— exclama, mientras ve la calle por la que pensaba pasar antes de que él me interrumpiera. —No me estoy mojando. —Pero va a pasar si pasas por la calle, ahora estás protegida porque estás en la acera de mi empresa y estás protegida por el techo de la entrada. —Mmmm... yo...— me interrumpe. —Solo es una cena, supongo que tienes hambre, te voy a llevar a cenar y después te llevo a tu casa, es solo para que no te mojes porque es obvio que no traes un paraguas. ¿Debería ir? Es mi jefe, me puedo meter en problemas, ¿No?. —Yo...— ¡Ay, no sé qué hacer!.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR