09. La cena
•┈┈·┈•••┈┈┈••✦ ✿ ✦••┈┈┈••┈┈·┈••
Capítulo nueve.
Lea Díaz.
—Yo...— no termino de dar mi repuesta porque Guapodioso me interrumpe.
—Sabía que ibas a aceptar— exclama, mientras empieza a caminar, yo me quedo parada, observando como camina solo.
Creo que si voy a ir a cenar con él y algunos de mis compañeros nos ven, pueden malinterpretar la situación y creer que solo estoy ahí porque soy la amante del dueño de la empresa.
Despierto de mis pensamientos cuando siento como me agarran de la cintura y después dejo de pisar el suelo porque este está muy lejos de mí.
—Eres pequeña, no pesas casi nada— escucho la voz del Guapodioso en mi oreja y mis pelos se ponen de punta.
—¡¿Qué?! ¿Q-qu-qué h-ha-haces?— le pregunto con confusión y nerviosismo.
—Te llevo a mi carro— dice despreocupado. —Lo busqué en el parqueo subterráneo, por alguna razón, me dejaste caminando solo.
Me entra al carro y me pone el cinturón. —No soy una bebé, puedo hacerlo yo sola— me mira con ternura como si fuese un bebé o un gatito. —Además no voy a ir a cenar con usted, ya no está lloviendo tan fuerte.
—Si, ya no está lloviendo tan fuerte, pero como sea vamos a ir a cenar eso— me mira con una sonrisa de lado. —Ya no depende de ti, bebé— expresa, mientras acaricia una de mis mejillas, activa el seguro para niños y cierra la puerta del auto para que no tenga escapatoria.
Es cierto, tengo las mejillas un poco grande y a primera vista parezco una niña por mi cara y por mi estatura, ya que, soy muy pequeña pero no es como si me pareciera a un bebé, ¿O si?.
—¿Y qué tipo de comida te gusta?— me pregunta.
—Todo lo que sea comida— por eso estoy gorda, aunque el Guapodioso me dijo que era muy liviana; por eso me cargó tan fácilmente.
—Entiendo, ya sé a dónde llevarla— enciende el auto.
—No, no me va a llevar a ningún lado porque voy a llamar a un taxi y me voy a ir a mi casa— empiezo a alterarme cuando empiezo a entender que con esta cena, mi trabajo está en peligro y no puedo arriesgarme, necesito ayudar a mi hermana.
—Pero yo te voy a llevar— dice, mientras empieza a manejar a... sabrá Dios dónde.
—No le pedí que me llevara— me cruzo de brazos.
—Pero yo la voy a llevar— ¡Ash! ¡Es tan frustrante!.
Lo odio.
Debo admitir que, con las peores intenciones, me volteo hacia él. —Quiero ir a cenar a mi lugar favorito— ¿Le gusta la comida chatarra? No lo creo.
Muajaja.
—Claro, ¿Dónde es?— ¡Diablos! Si le digo no va a aceptar y mi plan se va a ir a la mierda.
—Este... no sé decirte— expresó con tono nervioso, pero tratando de ocultar la malicia.
—Es tu restaurante favorito, ¿Cómo no sabes dónde queda?.
Nunca he sido buena con las direcciones, sé llegar al lugar pero no sé cómo se llaman las calles y todas esas cosas.
—Déjame manejar, así es la única forma de que podamos llegar a mi restaurante favorito— Restaurante... si claro.
Muajaja.
—¿Sabes conducir?— me pregunta mientras se orilla a la acera de una casa.
—Si— ¡Vamos, Lea!, muéstrale todo lo que papá te enseñó cuando tenías trece años.
Aunque nunca conducí, sólo veía como papá lo hacía.... Nah.... Así también se aprende, solo que me falta un poco de práctica.
Nunca creí que iba a morir tan joven, Dios perdona mis pecados. Alabaré, alabaré, alabaré a mi señor.
—Dime el nombre del restaurante, así podemos llegar.
—Quiero conducir.
—No.
—Pues me voy porque te recuerdo que quien me quería llevar era usted, nunca se lo pedí.
—No, no te vayas— me agarra la mano. ¡Que tonto!, ¿Ya no recuerda que activó el seguro de niños?. —Es que no quiero que choques— solo está pensando en su lujoso auto. —No quiero... que te hagas daño— ¡A la v***a! Me calló la boca.
—¿Me vas a dejar conducir?— le pregunto tratando de ignorar lo último que me dijo.
Suspira derrotado. —Si, pero tendrás que manejar conmigo, así, si pasa algo malo, yo también podré tomar el control— lógico.
—¿Pero cómo?— ¿Subiéndome en su regazo?.
—Emmm... bueno... este....
—Tendría que subirme en su regazo.
—No... no... no es necesario— me le quedo mirando fijamente, y este se queda callado algunos segundos. —Si— admite.
—Solo...— suspiro y respiro una bocanada de aire, antes de pasarme a su asiento y sentarme en su regazo, mientras siento que todo pasa en cámara lenta y como nuestras miradas se encuentran y mi corazón se acelera.
—Solo...— me acomoda un poco para que no quede sentada sobre... sobre... su m*****o.
Suspiro de alivio cuando siento que el ambiente no está tan incomodo, ¿O si?. —Yo... ¿Cómo se enciende el auto? Es lo único que necesito saber, vamos a llegar rápido — el Guapodioso me mira un poco dudoso. —Al cielo— murmuro y veo como los ojos del Guapodioso se agrandan de la sorpresa.
—¿No sabes?.
—No, el carro de mi papá no era tan avanzado, tan moderno como este.
—Entiendo, hagamos algo mejor, yo conduzco y tú me guías, ¿Si?— asiento, mientras trato de pasarme al otro asiento, digo "trato" porque los brazos del Guapodioso me detuvieron.
—Vas a conducir, ya no tenemos que estar así— niega con la cabeza, mientras me abraza más fuerte.
—No, no te alejes, no puedes porque ere quien me va a guiar— sus manos se agarran de mi cintura como di de ella dependiera no caer a un acantilado.
—Pero puedo hacerlo desde mi asiento y— me interrumpe.
—De esta manera es más segura— ¡Claro que no!. —Además, así no nos vamos a... perder, porque eso sería muy lamentable, siendo usted tan joven...
***
—¿Un puesto de Chimichurris?— expresa confundido, mientras caminamos tomados de las manos hacia el puesto.
—Si, ¿No te agrada?— pregunto con malicia y veneno escondido en mi tono de voz.
—Si, si me agrada— Claro que no te lo esperabas... Espera, ¿Qué?.
—¿En serio?— pregunto sorprendida.
—Si, parece raro, pero realmente no lo es, de hecho, yo solía comer muchos chimichurris.
—¿Cómo fue que comiste tantos chimichurris?— le pregunto con curiosidad cuando empezamos a cenar, sentados en una banca.
Este lugar es hermoso, hay un parque, varios puestos de Chimichurris, y un hermoso puente sobre un lago de aguas cristalinas.
—Mi abuela solía traerme aquí todas las tardes, comíamos chimichurris y mucha comida chatarra, eso me hacía muy feliz, no nací en una cuna de oro como todos creen.
—No puedo negar que creía que eras una persona egocéntrica y frívola, pero creo que me equivoqué, ¿No?.
—No todo es como aparenta, sólo se trata de nuestra imagen— sus ojos se concentran con los míos. —Es la imagen que debo dar frente a todos, ¿Crees que si me mostrara como una persona extremadamente divertida y al cual no le importa las reglas ni el respeto, mis empleados me respetarían y seguirían las reglas por sí mismos?.
—Aunque a veces te odio, debo admitir que tienes la razón, según la imagen que damos, nos tratan, lamentablemente.
Después de algunos minutos más viéndonos comer chimichurris y charlando, hablo. —Terminé— expresó cuando me siento satisfecha y cuando no queda más comida.
—Yo también— dice, mientras se levanta de la banca y después me ayuda a levantarme.
Mmm... es todo un caballero.
Me quedo mirando el gran puente y empiezo a escuchar la voz del Guapodioso hablarme, así que desvío mi mirada hacia él.
—Mi abuela solía correr conmigo en aquel puente, siempre me le escabullía y ella siempre corría detrás de mí para alcanzarme— ríe con melancólica. —Nunca lo lograba.
De pronto, una idea llega a mi cabeza, y empiezo a correr como loca, el Guapodioso me persigue y de pronto paro de correr; causando que el Guapodioso choque conmigo, y caigamos estrepitosamente al suelo.
Empiezo a reírme y siento la mirada frívola del Guapodioso sobre mí.
—¿Qué te causa tanta gracia?.
Me aclaro la garganta. —Nada— exclamo tratando de no estallar en carcajadas nuevamente.
—¿Por qué corrías?— me pregunta con intriga.
—Solo corrí, ¿No sé por qué me perseguiste?— estallo en carcajadas.
—¿Es en serio?— me mira enojado, pero poco a poco su mirada se desvía de mis ojos y cae en mis labios, inconscientemente, me relamo el labio, asegurando de no tenerlos sucias de salsa.
—Yo...— se acerca poco a poco a mí, y es cuando me doy cuenta de lo que está a punto de pasar.
Está mal lo suficientemente cerca como para hacer lo que queramos. —Ayúdame a levantarme— pido antes de que llegue a besarme aunque nuestros labios se rozaron levemente.
—Si— contesta con confusión, como si todavía está tratando de si miliar como todo cambió tan rápido.
Después de eso todo se tornó muy incómodo, y caminamos en silencio hacia el carro.
***
Cuando llegamos a mi casa, mi corazón empezó a latir rápidamente; porque sabía que tenía que hablar con él.
—Yo— me interrumpe molesto.
—No te preocupes, Lea, todo está bien, gracias por acompañarme a cenar, cuídate.
¿Y este por qué está molesto? ¿Acaso no es mi jefe? Ni siquiera es correcto que nos abracemos, por eso no deje que me besara.
—Está bien, también cuídate— me quito el cinturón, y estoy a punto de abrir la puerta del auto cuando el Guapodioso habla.
—Lea, yo...— volteo antes de salir del auto y veo al Guapodioso mirándome de una manera que no sé por qué pero me deja sin aliento.
—¿Si?— le pregunto al ver que se queda callado.
—Era algo pero ahora ya no es nada— Okey....
—Está bien, entonces... adiós— me despido con una ademan de mano, ¿Debí darle un beso en la mejilla?.
—Si, adiós— me da un beso en la mejilla y todo empieza a tornarse incómodo, así que le dedico una última sonrisa antes de salir del auto.
Confundida, empiezo a caminar hacia la casa, mientras miles de preguntas se formulan en mi mente, dejándome aún más confundida.