A las afueras del campo de entrenamiento, donde la tierra estaba tan seca y muerta que se agrietaba como piel vieja, se alzaba una construcción olvidada por el tiempo: una torre derruida sin techo, al centro de la cual se abría un abismo n***o, custodiado por estatuas rotas y cadenas oxidadas. El lugar era conocido como el Pozo de las Sombras. No era solo una fosa. Era un portal antiguo, sellado por magia prohibida, que conectaba con lo más profundo del mundo subterráneo de Corino. Allí vivían criaturas deformes por la oscuridad y la magia negra. Bestias que no podían ser nombradas sin sentir escalofríos. Aquel día, por orden del Rey n***o, los hechiceros oscuros acudieron al borde del pozo. Eran siete, vestidos con túnicas negras cubiertas de runas vivas que se movían como gusanos. Uno

