Capítulo 2: ¿Quieres volver a vernos?

1883 Palabras
Narra Ayelen Después de ese beso, simplemente me separé y solté una pequeña risa en señal de nerviosismo. Salimos de la cabina y tomamos nuestras fotos, él solo me sonreía. - Me gusta esta foto - Dijo señalando la foto del beso. - A mí también me gusta - Dije bajando la mirada sonrojada. Si me vieras, no me reconocerías. Acabo de besar a un desconocido y, por alguna extraña razón, quiero volver a hacerlo. Después continuamos con el paseo. Nueva York era hermosa, o tal vez era la compañía de Tomás lo que lo hacía hermoso. No podía quitar mis ojos de encima de él. Luego vi la hora y me di cuenta de que ya era tarde y tenía que volver a casa. - Tengo que irme... Me gustó conocerte - Dije. - Desearía que no te fueras... ¿Te llevo a tu casa? - Preguntó Tomás. No pude evitar decir que sí. Era la excusa perfecta para seguir hablando con él. - Sí, me encantaría - Dije sonriendo. Tomás me tomó de la mano y nos fuimos. En el auto, escribí mi dirección en el GPS y continuamos hablando durante el trayecto. No me aburría de escucharlo. Cuando llegamos a mi casa, él bajó del auto primero y me abrió la puerta. - Gracias por traerme - Dije. Vi que escribió algo en un papel. - Fue un placer... ¿Quieres volver a vernos? - Dijo entregándome el papel que escribió. - Ese es mi número. Narra Tomás Vi que ella también escribió algo en un papel. - Ese es el mío - Dijo entregándome el papel que escribió - Vamos a ver quién escribe primero - Dijo con una sonrisa. Me encantaba su espíritu competitivo. Tomé el papel y lo guardé en mi bolsillo. - Bueno... me gustó conocerte - Dijo dándome un beso en la mejilla. - A mí también me encantó conocerte - Dije besando su mejilla. Narra Ayelen Me volteé para irme, cuando de pronto me jala del brazo y me besa. Yo le sigo el beso, en serio no sé lo que hago, pero sus besos son únicos. - Adiós, Chica Mermelada - Dice con una sonrisa. No puedo evitar sonreír. - Adiós, Pan - Digo y entro a mi casa. Ya adentro de mi casa, miro por la ventana y él se está yendo. Después subo a mi habitación y me dejo caer en mi cama pensando en Tomás, y empiezo a acariciar mis labios recordando ese beso. No puedo evitar sonreír como una estúpida, me quedo ahí sonriendo y no me doy cuenta de que las horas van pasando, hasta que mi papá entra en mi habitación. - ¿Papá? - Digo sobresaltada. - ¿Todo bien, hija? - Pregunta notando mis nervios - ¿Pasa algo? - Todo bien, papá. ¿Qué podría pasar? - Digo evitando sus preguntas. - ¿Cómo estuvo tu paseo? - Bien, me gustó... es muy bonita esta ciudad. - ... Y Tomás lo es más - Pienso. - ¿Todo bien, cariño? - Dice notándome pensativa. - Sí... tengo hambre, vamos a cenar. - Vamos - Dice y salimos de mi habitación. Después, papá pide delivery de pizza para cenar. Cuando terminamos de cenar, nos vamos a dormir. Al día siguiente, me despierta el sonido de mi celular... Me llega un mensaje y no puedo creerlo, es él... Es Tomás. El chico que ha estado rondando mis pensamientos todo el día de ayer, desde que lo conocí. "Hola, Chica Mermelada, me preguntaba si querías ir a dar un paseo conmigo... Por favor, contesta. Gracias". Debo confesar que su mensaje me gusta... Esperaba que me escribiera, así que sin pensarlo dos veces, le contesto: Narra Tomás: Le escribo un mensaje a la Chica Mermelada y no tarda en llegar su respuesta. Siento cómo se me acelera el corazón. "Hola, Pan, me encantaría salir a dar un paseo contigo... ¿Te parece si nos vemos a las 7:30 am?" No pasan ni dos minutos y decido responder: "¡Genial! ¿Paso por tu casa?" La respuesta no tarda en llegar. "Gracias... Te espero". Narra Ayelen: Comencé a arreglarme después de desayunar y de que mi padre se fue a trabajar. Estaba un poco nerviosa, no sabía qué ponerme y no tenía ni idea de lo que hablaría con él. Llegó la hora y estaba lista. Cuando sonó el timbre de mi casa, sentí cómo mi corazón se aceleró. Bajé corriendo y abrí la puerta. Ahí estaba él, se veía tan guapo y llevaba un ramo de rosas rojas en las manos. - ¡Hola! - dije entusiasmada. - Te ves muy linda - respondió él. - Gracias... Tú también - dije sonriendo. Él también sonrió y me entregó el ramo de rosas. - Esto es para ti - dijo entregandome el ramo. - Gracias - respondí - Son muy bellas... ¿Quieres pasar un momento? - Me encantaría - respondí. Tomas entró y le ofrecí un vaso de jugo mientras yo buscaba un florero para las rosas. Cuando lo encontré, lo dejé sobre la mesa y nos fuimos a su auto. Como siempre, él me abrió la puerta del copiloto y después se subió en el asiento del conductor. - ¿Te gustaría ir al cine? – pregunté con una sonrisa. - Me encantaría - respondió Tomás. Nos fuimos al cine y durante el trayecto no podía dejar de mirarlo, era tan guapo. Llegamos a la sala, que estaba casi vacía, y tomamos un asiento en medio. Habíamos comprado pochoclos y la película comenzó. La película se trataba de dos personas que se enamoran a primera vista, como nosotros. Me acerqué a él y dejé caer mi cabeza en su hombro, él me rodeó con sus brazos. En el momento más romántico de la película, nuestras miradas se encontraron y él se fue acercando a mí. En un abrir y cerrar de ojos, nos estábamos besando. Era tan hermoso ese beso que no quería que terminara. El beso continuó y no me di cuenta de que la película había terminado. Estábamos besándonos cuando nos interrumpió el encargado. - Disculpen… la película ya terminó, tienen que retirarse - dijo el encargado. - Sí, ya nos vamos - dijo Tomás sonriendo y me volvió a besar. Yo no sabía qué decir y solo sonreí. Después, él tomó mi mano y salimos del cine. - ¿Te gustaría ir al Escencia de Cafe? Podemos tomar un café con leche y una tostada de mermelada - Preguntó sonriendo. - Sí, me encantaría - respondí sonriendo Subimos a su auto y nos dirigimos al café. Cuando llegamos, nos sentamos en la misma mesa en la que nos habíamos sentado el día anterior. - Buen día, ¿en qué puedo servirles? - preguntó el camarero tomando nota. - Buenas tardes, dos cafés con leche y tostadas de mermelada, por favor - dijo Tomás. - Con mucha mermelada - agregué, sonriendo. - Muy bien, en un minuto les traigo su orden - dijo el camarero antes de retirarse. Comenzamos a hablar mientras esperábamos nuestro pedido, hasta que Tomás me preguntó: - Entonces, ¿qué te parece la ciudad hasta ahora? - Es muy hermosa - respondí con una sonrisa. - Como tú - dijo él, sonriendo también. Nuestras miradas se conectaron de nuevo, pero fuimos interrumpidos por el camarero. - ¿Dos cafés con leche y tostadas de mermelada? - preguntó, dejando el pedido en la mesa. - Sí, gracias - agradeció Tomás. Narra Tomas: Noto que Ayelen tiene un poco de mermelada en la mejilla, pero aun así se ve hermosa. Tomo una servilleta y me acerco a ella con cautela, limpiando suavemente la mancha. En ese momento, siento un impulso irresistible de besarla. Sus labios son suaves y dulces, y me quedo allí, disfrutando del momento. No podía resistirme a sus besos, su cuerpo parecía tener un imán que me atraía y a la vez bloqueaba todos mis sentidos. Cuando el beso terminó, Tomás pagó la cuenta y nos fuimos a su auto. Una vez allí, me preguntó: - ¿Te gustaría ir al museo? - ¡Me encantaría! -respondí emocionada. Cuando llegamos al museo, él pagó los boletos y comenzamos a recorrer las galerías. Me detuve en una pieza que me gustaba mucho y él se acercó a mí. - Veo que te gusta mucho esta pieza -dijo sonriendo. - Sí, es una de mis favoritas -respondí. - Te entiendo, es una pieza muy buena. Picasso era un innovador -dijo Tomás mirándome a los ojos. - Por su estilo personal y absolutamente original -interrumpí emocionada. Pasamos horas hablando de arte mientras recorríamos el museo, y ni siquiera nos dimos cuenta de que el tiempo pasaba volando. Fue entonces cuando miré mi reloj y me di cuenta de que se estaba haciendo tarde. - Oh, mira la hora... -dije preocupada. - Tienes que irte -dijo Tomás interrumpiéndome-. Ya lo sé, aunque no quiero que te vayas... - Yo tampoco quiero irme -interrumpí emocionada. Nos miramos a los ojos y luego Tomás dijo: - Ven, te llevaré a casa. Tomó mi mano y nos fuimos. El camino fue corto pero emocionante, y cuando llegamos a mi casa, me despedí de él con una sonrisa en el rostro. - Gracias por traerme -dije sonriendo-. Me divertí mucho. En ese momento, Tomás intentó decir algo, pero lo interrumpí con un beso apasionado. Él me correspondió con la misma pasión y luego ambos nos separamos. - Linda manera de decirme que me callara -dijo Tomás sonriendo. - Me gusta escuchar tu voz... pero a veces hablas demasiado -dije con una sonrisa pícara. - Ya veo... me gusta tu manera de callarme -dijo Tomás acercándose a mí para besarme de nuevo. - A partir de ahora, cada vez que hables demasiado tendré que decirte que te calles -dije riendo. - Eso me encantará -respondió Tomás con una sonrisa. Lo besé por última vez y entré a mi casa, observando desde la ventana cómo se alejaba en su auto. A medida que se perdía en la distancia, una sensación extraña se apoderó de mí. No podía dejar de pensar en Tomás, su voz, su mirada, su sonrisa... Todo en él parecía tener un imán que me atraía y a la vez bloqueaba todos mis sentidos. Más tarde, mi papá llegó a casa y cenamos juntos. Traté de mantener una conversación normal, pero mi mente seguía divagando en los recuerdos de la tarde con Tomás. Finalmente, me fui a dormir, pero no podía dejar de preguntarme: ¿qué me está pasando? ¿Por qué no dejo de pensar en él? Antes de dormir, decidí buscarlo en las r************* . Después de un rato de búsqueda, encontré su perfil y le envié un mensaje. Él respondió rápidamente y comenzamos a hablar. Me contó sobre su trabajo, sus hobbies y sus planes para el futuro. Yo, por mi parte, le hablé de mis estudios, mis pasatiempos y mis sueños. Poco a poco, nuestra conversación se fue volviendo más íntima. Me confesó que desde que me vio en el café no podía dejar de pensar en mí, y yo le confesé que sentía lo mismo por él. Nos dimos cuenta de que teníamos mucho en común, y cada vez nos gustábamos más.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR