—Eres mía— Aún le rondaba en la cabeza esas dos palabras que el lobo le había dicho con tanta seguridad. Había pasado no menos de dos semanas de lo ocurrido, no hablaba mucho, se hallaba en shock. Con todas las fuerzas de la diosa luna y unos dioses menores lograron separar al lobo de la joven, ya él salió de control y quería ponerla en cinta de una vez. —Daniela... —Se oyó una voz a lo lejos—¿Te encuentras bien?—Se sintieron pasos por toda la habitación. Daniela se encontraba mirando hacia afuera del balcón, Samuel tocó su hombro y esta se espantó—Me has dado un susto de muerte—Dijo poniendo su mano en su pecho—. No lo vuelvas a hacer, harás que me dé un infarto—habló para luego respirar profundo. —Te había hecho una pregunta—dijo mirando a su amiga. Ella lo miró por un tiempo, pes

