Al día siguiente, la recibí a la hora delegada y me satisfizo ver que su pelo estaba otra vez suelto. Se había puesto el jersey que le había regalado, tal y como había garantizado. Tanto mi madre como mi padre se quedaron muy sorprendidos cuando les hice saber que había recibido a Bría para comer. No fue un trabajo adicional para mi madre; cuando mi padre estaba en casa, le pedía a Helen, la cocinera, que planificara la alimentación de un regimiento. Supongo que no lo había referido antes, quiero decir que teníamos una cocinera. Teníamos una sirvienta y una cocinera en nuestra casa, por el hecho de que mi familia podía asumir el coste de la misma, pero además por el hecho de que mi madre no era la criada más ideal del planeta, supongo. Por cierto, me preparaba un sándwich para comer, pero

