La realidad parecía ser excesivamente desalentadora. Me comprometí a entregarle el dinero al día siguiente, el 21 de diciembre, el día más breve del año a primera hora de la tarde, después de las clases. Después del colegio. Faltaban sólo cuatro días para la Navidad. -¡Es un hecho sobrenatural! - gritó Bría mientras contaba el dinero. -¿Cuánto hay? - pregunté, a pesar de que conocía la suma concreta. — ¡Aquí hay unos 200 Bolívares y 47 céntimos! - Me miró a la cara. Como Rafael estaba en casa, tuve la opción de entrar y sentarme en la zona del salón, y allí fue donde Bría contó el dinero en efectivo. Había reunido impecablemente las monedas, formando montones que se extendían por el suelo; la mayoría eran monedas de diez y de veinticinco, el suelo; una gran parte eran monedas de diez

