Después de 60 minutos, llegué a unas estrofas subrayadas y esperaba que Bría las hubiera estampado, ya que implicaban algo para ella. El texto decía así Señor, tú eres mi piedra, a ti suplico ayuda: no me desatiendas, por si yo, dejándote, me parezco a la gente que baja a la tumba. Escucha la voz de mis súplicas cuando clamo a ti, cuando elevo mis manos al santuario de tu bendición. Cierro la Biblia con lágrimas en los ojos, incapaz de completar el himno. No tengo la menor idea de por qué, pero estaba seguro de que Bría lo había subrayado explícitamente para mí. -No tengo ni la más remota idea de qué hacer -tartamudeé abatida, mirando a la tenue luz de la habitación. Mi madre y yo estábamos sentadas en mi cama. Enero estaba llegando a su fin, el mes más duro de mi vida, y me di cuenta de

