-Hola Sra. Still, ¿Clary ya está lista? Escuche cuando mi mamá abrió la puerta para hablar con esa persona que había dado un giro de ciento ochenta grados a mi vida. Entonces, la puerta se abrió más y desde el primer escalón de la escalera, mi mirada y la de él se cruzaron inmediatamente. Tenía un tonto vestido rosa que mamá me había obligado a ponerme y los zapatos me apretaban un poco. Pero verlo a unos metros de mí, sonriendome como si fuera la primera vez que me veía, era algo que hizo que mis dolores se fueran y sólo seamos él y yo en ese momento. -Vaya Anna, no sabía que tenías a un ángel prisionero.- coqueteo él, hablándole a mi madre. Ella rió y acomodo su peinado, ella también iría a la cena familiar. -¿Acaso no parece más linda cuando se arregla un poco?- bromeó.

