Estoy de pie al borde del escalón para llegar al recibidor. Los tres recién llegados quedan frente a mí. Me acomodo despreocupada el reloj en la muñeca. —La ley contempla que los bienes se reparten al cincuenta porciento —dice Benjamín sin siquiera una explicación de la abrupta visita. Suelto una risita baja. —Considera mi amabilidad como un acto de lástima por tu desmedida necesidad —le respondo con una media sonrisa. No bajo los hombros; al contrario. Su abogada da un paso hacia adelante y despliega algunos papeles, como si estuviera dejando claro que no hay marcha atrás. —Le he recomendado a mi cliente que se realice una toma de fotografías de las pertenencias de esta propiedad que fue su dirección conyugal. Sobre las propiedades, se solicita la casa de Playa del Carmen y el depa

