Cruzo el pasillo que da a la oficina de Alisha. Hay una vista panorámica de la ciudad que deja sin aliento. Encuentro a mi hermana de pie. Está distraída con algo que revisa en la Tablet. La llamo. Ella voltea a verme enseguida. —¡Maya! —exclama—. ¡Qué sorpresa verte aquí! Se ve bonita con su pantalón de tela caqui y la blusa blanca. Dejo el bolso en el perchero y nos acomodamos en un sofá colorido para dos personas ubicado al lado contrario del escritorio. —Vine a contarte dos cositas —digo entusiasmada, mostrando un par de dedos. Alisha parece confundida. —¿Qué pasa? —Lo primero es que ya me inscribí en una universidad online. Las clases comienzan pronto. —¡Qué bien! Te felicito. —Lo otro es que… —Creí que no vacilaría, pero sí lo hago—. Después de pensarlo mucho, decidí cont

