CAP, 07.

2269 Palabras
CLEO. Me metí en un problema de nuevo y no era mi intención. La profesora solo me preguntó que, qué estaba mal conmigo y me pidió razones de mi llanto. Yo hablé de mami porque la profesora se ve linda pero la profesora me traicionó. Mi mami vino al colegio. Mi papi se enteró. Papi me pegó. Papi hizo que mi labio sangrara mucho. Mami me encerró en el sótano. Está oscuro y huele mal. Mami dice que si lloro, más tiempo paso aquí y yo trato… trato. •ø• —¿Qué?—Pregunté confusa, no había ni salido el sol cuando sentía como las sábanas se removían. —Tengo trabajo—Respondió Alexander, evidentemente molesto. Alexander y yo hemos vivido buenos momentos desde que nos besamos, aunque lo molesto es eso, solo nos besamos. No hay más acción. No hay más nada. Solo besos. —Es domingo y probablemente las cinco de la mañana. Deja la estupidez y vente a la cama—Hice palmaditas en el lado que seguía caliente. —Algunas personas, tenemos responsabilidades—Y así salió del cuarto, dando un portazo fuerte. La verdad es que me quedé un tiempo intentando analizar lo que sea que había pasado, pero el sueño terminó consumiéndome. ¿Sin beso de buenos días? Ok. Será. •ø• Me desperté como las doce del mediodía. El día en Londres está como siempre, incoloro, lúgubre y terriblemente aburrido. Desayuné con MarieLu churros con Nutella, ahí estuvimos bastante tiempo hablando de la vida y donde ella me contó de la familia Culpepper; me dijo que la señora Celine era la mejor jefa que cualquier persona puede pedir, que es realmente hermosa y tiene un corazón tan grande que parece irreal, no solo le basta con ser preciosa por fuera sino por dentro. El señor de la casa era estricto y duro, sobretodo con sus hijos pero eso no le quitaba que a veces merecía un premio al papá del año, se comunicaba muy bien con todos. Eric era una mezcla de las dos personalidades pero su lado de Danilo era muy marcado, por lo que siempre tenía que poner las reglas en el negocio que hizo con su hermano. De ahí viene la dureza de Alexander en las oficinas, no era así —supuestamente— pero le tocó serlo cuando Eric Daniel falleció y con ello, las reglas de su prestigiosa compañía. Decidió vivir con Alexander porque siempre ha sido su niñito y porque los padres de estos, siempre han querido mucha privacidad. Después de eso, fui a meditar. Me senté en la terraza en posición de Indio y estuve pensando por muchísimo tiempo respecto a todo. Realmente algo que valoro es esto, también me traje mis cristales para alinear mis chakras pero hoy no me parece el día adecuado, necesito conseguir mis aceites esenciales. —Señorita—Me interrumpe MarieLu, volteé los ojos al instante—. ¿Puede llamar a Alexander? —¿Para qué? —Es que algunos domingos él...bueno... él...no quiero dialogar con su humor en estos momentos pero necesita comer y para ello quiero saber que prepararle. No entendí mucho pero si solo tenía que hacer una llamada, entonces todo está bien. Mi teléfono como siempre, está sin mensajes, a excepción de uno. Número privado & desconocido. *Hi sweetie! Me. *¿Quién es? Número privado & desconocido. *Mareya. ¿Tan rápido me olvidaste? Le quité tu número al teléfono de E. Me. *Estás loca, Maya. No te he olvidado, obviamente . Si me caíste hasta bien. Mareya Cho. *Tu a mí. Los ingleses suelen ser antipáticos, creo que eres mi nueva persona favorita en el mundo. Extraño a mis coreanas:( Iba a responderle pero me recordé de cual era mi fin al buscar mi teléfono y llamé a Alexander. —¿Qué, Cleo? —¿Que quieres de almuerzo? —Nada. —¿No piensas comer? —Eso es lo que dije ¿o acaso necesitas que te repita las cosas como a un niño pequeño? —¿Se puede saber que te pas...—Finalizó la llamada dejándome con la palabra en la boca y con unas grandes ganas de ir a su oficina solamente para asesinarlo, pero lo pensé dos veces, Alexander no es así. Él es el típico bueno que se preocupa más por ti que por él, que te baja a buscar agua a mitad de la madrugada y que soporta tus lágrimas todas las noches. Bajé corriendo hasta donde estaba MarieLu, asustándola con mi presencia lo cual me hizo reír. Ahora tiene un mono azul completo y su típica cola alta, es tan gordita y tan apachuchable que se ve adorable con todo, le compraré un disfraz de oso para halloween. —¿Que le pasa a Alexander los domingos, MarieLu?—Empezó a temblar solamente cuando iba a mitad de la pregunta. —No es todo los domingos, es únicamente cuando se acercan días significativos. —Prepárale su comida favorita y llama a William. Me vestí demasiado rápido, utilizando un conjunto que consta de un short, top y chaqueta de cuadros rojos, blancos y azul, lo puse con zapatos de goma bajos y decidí llevar el cabello suelto porque odio atarlo, siempre me provoca jaqueca. En el carro hay calefacción y en la oficina también, por lo que omití el abrigo, también puedo decir que viene el hecho de que los odio. MarieLu le preparó a Alexander macarrones con queso y camarones, jamás había olido una cosa tan extraña y tan apetecible, lastima que soy alérgica a los mariscos. He tenido instintos suicidas y los he comido, el fin es el mismo: hospital y antialérgicos por m intravenosa. ¿Termina valiendo la pena? Nada que te haga pasar una semana en un lugar de salud pública lo hace, por lo que la respuesta es no. Will no usa uniforme, sino que trajes sin chaqueta y siempre un sombrero aunque no creo que lo obliguen a eso, no tendría sentido. Subo por las oficinas vacías y conozco mi destino. —Alexander.... —¿Por qué mierda no tocas?—Dijo exasperado. Se encontraba del otro lado de su oficina, fumando cigarrillos y frotándose la sien. Tiene el cabello rubio oscuro todo revuelto y evidentes ojeras bajo sus claros ojos. —Te traje comida. —Cleo...—Me dirigió la mirada y fue la más fría que me habrían otorgado en mi vida. Sus ojos claros fulminándome y a parte, cristalizados. —¿Qué?—Dije pestañeando y haciéndome la inocente. —Hoy no es el día, por favor, sal—Suplicó. —Pues estaba aburrida en casa. —No soy payaso para divertirte, lamento informarte. —Alexander.... —Cleo... —No me pienso ir. —Necesito espacio, entiéndelo. Una lágrima bajó por mi ojo derecho, vi como se arrepentía al instante, pero no se lo permití. Maltrato es algo que he vivido mi vida entera, es algo tan común que estoy acostumbrada pero no pienso pasarlo por él. Alexander no merece nada mío, ni siquiera mi líquido salado, no cuando lo conozco hace menos de seis meses. Él me pidió que confiara en él y que nos lleváramos bien. Por Dios... soy yo, la inútil, la buena para nada, la que lo ayuda a descansar cada noche. Por mí, por Cleo Relish, la que ni siquiera fue a la universidad es que logra pegar un ojo y tener un sueño profundo. ¿Él quiere dársela del todo poderoso? Bien, pero yo lo seré más. —William, Alexander quiere que hoy le preparen comida venezolana y para eso MarieLu debe ir al mercado. Al dejarme, llévala—Este, un poco sorprendido asintió luego de unos instantes y llamó a su mujer para informarle la orden del señor de la casa. MarieLu no estaba muy convencida de dejarme sola y con toda la razón, pero terminó accediendo cuando le hice un puchero y es que, algo que puedo decir de mí, que sorprendentemente no es malo, es que tengo una carita adorable, cuando me lo propongo. Al pasar cinco minutos de ellos fuera, me dirigí hacia el cajón donde Alexander guarda las llaves. ¡Sorpresa! Tiene por lo menos veinte llaves de distintos autos, agarré una negra que tenía un caballito que me pareció adorable, a parte, estaba separada de todas y con un adorno dorado, me gusta. Bajéal sótano tres, ahí es donde están todos los carros de Alexander, cada uno me dejó mas embobada que el otro. Sabía que él coleccionaba carros porque lo consideraba una inversión, eso ni lo entendí pero si me sorprendí al verlos, habían camionetas y deportivos, la mayoría de ellos plateados. Empecé a sonar el botón n***o y me dirigió a un carro aburrido, bajito, descapotable, con asientos color vino y de color gris oscuro... ah, y tenía un caballito en la parte delantera. Ni siquiera entiendo porque estaba separado pero no tenía tiempo para subir, decidí prenderlo y el sonido me atormentó. ¿El mundo avanza tanto pero no pueden hacer carros que se queden callados? O sea, en serio fue como una corneta el ruido del motor. Estaba en el lado derecho, dispuesta a avanzar cuando me di cuenta de que no tendría destino, decidí llamar a mi única "amiga" o bueno, la única persona a la que sorprendentemente le caía bien sin presión o hipocresía, o eso quería pensar. —¿Maya? —¡Sweetie!—Su voz inundó el carro entero, sin embargo, nada sonaba más que el atormentador motor—. ¿Qué pasa? —No digas mi nombre, por favor—Supliqué—. ¿Qué haces? —Mmm... estaba haciéndolo con Elijah. —¿Puedes salir? —Sweetie... no me gusta mentirle. —Por favor, te necesito. Yo... no tengo amigos y no tengo dirección a donde ir. —Espera—Se escucharon cosas del otro lado—. Vida, voy a salir con una amiga, es del colegio, no puedes ir, porque no, confía en mí, no te asomes por la ventana o te lo juro que te mando a la mierda, es mejor que duermas, ajá, love you. Mareya tuvo que caminar hasta la casilla de la residencia, pues yo estaría ya afuera y así no me podrían ver. Noté que tenía un pantalón ajustado y una franela blanca con un corazón de lentejuelas tornasol. —¿Qué mierda haces en esto? ¿Sabes cuanto cuesta? —No digas groserías—La regañé. Chloé dice que no hay nada peor que malas palabras en la boca de una dama y no sé si soy una dama pero es lo único que me dejó pegado. —Estás loca, Relish. —¿Ya no soy sweetie? —No cuando le quitas un maldito Ferrari, GTC4 lusso T de trescientos mil dólares a Alec, que de seguro ni sabrás manejar porque todo en Inglaterra es para el otro lado. Dios mío, si llegamos a estrellarnos, ni siquiera temería por mí sino por el maldito auto. —¿Cuesta tanto?—Mmm... por eso estaba separado, interesante. —¡Ajá! —Yo solo quería escapar—Y ahí me reventé a llorar como tenía tiempo no lo hacía. Maya decidió que lo mejor era ir a casa de su padrastro, ahí no habría nadie y me iba a poder consolar. La casa es linda y tierna, queda en una zona llamada Marylebone y queda en el piso uno. Adentro, todo tiene una decoración blanca y antigua pero que a la vez es moderna. No es gigante pero tampoco diminuta, consta de tres habitaciones con baño incluido y camas matrimoniales. El salón principal es un poco pequeño pero los simples muebles lo hacen ver bien y a parte, las ventanas que dan a las calles de Londres. Alexander Culpepper. 25 llamadas perdidas. Alexander Culpepper. *¿Cleo? *¿Donde estas? *Ni siquiera conoces Londres. *Vuelve a casa... *Hoy no es mi día y lo estás empeorando. *Perdón, no quise decir eso, tengo mucha presión encima. *Dime que no te llevaste a Mareya... *¿todo ok? *Vuelve antes de dormir, por favor. No es solo por mis pesadillas, no te quiero por Londres a las tantas de la noche. * Discúlpame. *¿Me pasas tú dirección? Me. No. —¿Te puedo dar mi opinión? —Obvio, Maya. —Lo que estás haciendo está mal—Dijo mirándome a los ojos con aquella tierna, pero seria carita—. Él se comportó, bueno, de mala forma, si. Pero entiéndelo, no es por abogar hacia él pero Alec nunca la ha tenido fácil y jamás ha tenido que convivir con una mujer en su apartamento propio. La muerte de Eric, acabó para siempre con él y a la vez lo hizo tan... raro, sigue siendo él pero a la vez no, le tocó asumir dos papeles; la imagen de barbette completamente, la empresa para él solo y la atención de sus dos padres sobre él. Parece fácil, parece perfecto pero no lo es. Alexander está roto y aunque no ponga su vida en pausa por ello, merece por lo menos un día a la semana. Esto es injusto, cariño. Alexander duerme gracias a ti, después de tres años de dependencia del café para estar despierto. ¿Y ahora te vas? ¿Qué clase de persona le hace su peor pesadilla a otro realidad? Te dejaré aquí para que pienses, porque me caes bien pero jamás seré partícipe de hacerle daño a nadie—Me tendió la llave y salió, dejándome con la cabeza hecha un lío.
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