CAP, 08.

3170 Palabras
ALEXANDER.  —¡Auch! Eso me dolió, Sabine—Regaño a mi nana mientras trato de contener el llanto. Me volteó la cara con la palma de su mano y siento mi cachete arder.  —¡Eso te pasa por portarte mal! ¡Te advertí que tenías que llegar a bañarte y te quedaste dormido! «Pero solo fue un error». Salí de la práctica de football agotado porque hoy el entrenamiento duró 3 horas lo que lo hizo muy pesado. Hicimos flexiones, un poco de abdominales, corrimos el colegio tres veces y a parte, la clase de educación física hoy fue en la piscina, donde choqué contra un banco y me abrí la rodilla.  Mi día ha sido pesado, difícil porque todavía no he podido terminar la tarea que tengo que entregar mañana. En la clase de football hice lo posible por rendir cuanto pudiese pero se hizo imposible ya que tenía dolores por todo el cuerpo. Cuando el chofer nos trajo a casa lo único que quería era llegar a mi camita para dormir, porque la extrañaba y porque todo mi cuerpo se sentía como un saco de papas. Tan pesado.  Prometí que sólo cerraría los ojos unos minutitos que fueran suficientes como para recargar las energías y poder hacer la tarea de mate tranquilo pero antes de que sonara la alarma, entró Sabine con una correa gritando como loca porque me había equivocado y yo solo quería dormir. Descansar.  —¡Fue solo un error, Sabine!—Me estrujo los ojos que me arden—. ¡Solo quería dormir un poquito y discúlpame, discúlpame mucho pero me siento cansado! No le estoy mintiendo, a pesar de que mi mamá no sirva para nada yo le hago caso y ella dice que eso es lo peor que puede hacer un ser humano.  —¡Ahombrate!—Me da otra cachetada que me tumba al suelo.  •ø• Decir que no estaba mal, era decir mentiras. Con que ahora si me llama la atención el regalo que me mandó mi padre y es que es algo que no se pudo evitar. Dormir, vivir con ella. Todo sumó un dos más dos que me hizo caer cual crío, Cleo me atrae y es humano, banal lo que siento ya que no ha sido forzado sino que natural. Los desayunos, almuerzos, las conversaciones que sencillamente nacen entre dos personas solteras que están disfrutando de sus vidas hicieron que poco a poco algo se fuera levantando hasta que indudablemente me afectaran sus actos, para bien o para mal, claro está.  Anoche tuve un sueño con Eric y es que se cumplen unos años del secuestro así que quería dispersarme. Lo que suele suceder en fechas importantes. Soy buen hombre, buen hijo, buen arquitecto, buen amigo...¡Lo mínimo que exijo es que un día cada cierto tiempo me dejen ser yo en paz!, si no me tomara esos tiempos ya lo que quedara de mí sería vacío. A veces siento que funciono como una máquina y no como un ser humano normal lo que es beneficioso para los negocios pero la muerte para mi salud.  La muerte de Eric fue un cambio de trescientos sesenta grados en mi vida, fue algo imprevisto, que arrasó con todos en la familia. Recuerdo el shock de mamá y sus ojos rojos por días, recuerdo la puerta cerrada de la oficina de mi padre y los golpes que sonaban dentro, destruyendo cada cosa que lo rodeara. Recuerdo la desesperación de Elijah al no entender ni una mierda. Yo tampoco la entendía, pero no podía desperdiciar mis días en ello. Mucho me estaba cayendo sin importar de que yo fuese otra víctima y lo mejor que podía hacer era reaccionar.  De un momento a otro, en serio, no sé específicamente cuando sucedió; mis padres empezaron a centrar toda su atención en mí, sofocándome a más no poder, casi que dándome la comida en la boca. No necesité mucho tiempo para entender que habían perdido un hijo, pero se negaban a hacerlo con el otro.  Mi dolor fue bastante obvio, por semanas no le dirigí la palabra a nadie y me desaparecí de la fas de la tierra, pero llegó mi momento de ser persona de nuevo. O reaccionaba, o la vida lo hacía y me daba un golpe mandándome al carajo. Nos guste o no, no podemos basar nuestra existencia detrás de lo que ya fue, eso decía Eric, debía cumplirlo. Él fue mi compañero en todo momento, mi otra mitad, por eso seguí sus palabras a pie de letra. —No pases mucho tiempo mal por mí, Daniel. Pasa tu luto pero después ve y demuéstrale al mundo de que estás hecho. Ama a alguien como yo amé a Annika, comparte con esa persona esos días y no lo dejes nunca, porque te lo juro, que regreso de la muerte y te jalo los pelos para que entres en razón.No apagues tu luz, porque créeme, eres más brillante y buena persona que yo, solo no has querido demostrarlo. ¿Difícil? Si, pero sabía que él si era capaz de regresar de donde fuese que se encontraba para pedirme que dejara de llorar como una marica, así hice. Por eso, me encargué de la empresa y por ende dejé que mis padres me atendieran como si fuera un niño indefenso.  Por eso me tomo un día cada cierto tiempo, para desahogarme y gritar lo que en ese momento no pude.  No quería tratar mal a Cleo y no trato de justificarme, pero es la verdad. Yo quería llegar en la tarde a la casa, ver una película y acostarnos a dormir. Pero es Cleo Relish de quien estamos hablando, no me dejaría ir tan fácil. Me gustan las personas perseverante pero tal cual se dice, no hay cualidad que no termine siendo un doble filo y lo que he admirado de ella desde que llegó, solo terminó por voltear todo hoy y es normal porque los seres humanos discuten, se distancian; pero eso no debería de suceder cuando ella está en una ciudad absolutamente desconocida y que se la puede comer viva.  Por eso es que ahora mismo estoy en el salón de mi casa, inhalando el humo del cigarro y pensando donde podría estar. No me remotamente importa que se haya ido porque afecte mi insomnio, he pasado tres años sin dormir, podré con más. No me gusta es que esté sola por ahí, con tanto loco que hay suelto.  ¿Alguna vez han visitado Londres? La gente no ha encontrado una nueva forma de meterse droga porque ya las tienen todas, pero estoy seguro, pronto lo tendrán. El que sea una ciudad tan liberal hace que cada quien haga lo que le nace, lo que está bien por un lado pero siendo a criterio propio, hay personas que consideran asesinar bien.  Mi teléfono suena. Sé que Mareya regresó hace horas y que no ha querido hablar, Elijah ha usado todos sus métodos—preferí no especificara ya que me parece lo suficientemente turbia la relación—. Los detalles carecen de peso cuando el hecho termina siendo lo importante.  Cleo Relish. *¿Me llamas? No tuvo que pedirlo dos veces, ya tenía su nombre iluminado en la pantalla con una foto que le tomé cuando dormía. ¿Quién me culpa? Es que es una ternurita y no hay nada que de más paz que observarla mientras lo hace. Estúpido si suena pero no me puede juzgar nadie que no lo haya vivido.  —Cleo...—Es un mero susurro. Gritarle podría perjudicar la situación que ya tiembla por si sola.  —Alexander—Suena desesperada—, Me perdí.  Lo sabía, maldita sea. Ella no tiene ni idea de nada de Londres, creo que si le digo que vivo en el centro, hasta se lo cree. No la culpo, no le he dado un tour por su justificación de que es demasiado hogareña y que cada que sale lo hace con William, Mareya o yo. Pues ya vemos como le salió la jugada.  —¿Dónde estabas? —En casa de Mareya—Bien, eso sabía donde quedaba—. Después quise ir a tu zona rarísima pero no sabía ni como se llamaba. A parte, tuve un problemita al salir porque aquí manejan para el otro lado y en serio, creo que te caerá una buena multa.  —Eso es irrelevante, continúa.  Obviamente no quiero mi nombre manchado con ningún papel que diga que incumplí las normas establecidas por la ley, pero puedo pasarlo. Como también puedo pasar que manipuló a mi personal. Como también puedo pasar que tomó mi Ferrari del año. Mi bebé me llegó hace un mes. Como todos los años que me actualizo, no lo había estrenado yo pero si ella, claro.  —¿Dónde me quedé?—Si hubiera un premio a la persona más despistada, sería para Relish—. Ah ya... bueno, no sé, la gente venía por donde yo iba y así. Entonces decidí ir lentico y me metí en una calle que tiene edificios iguales a los de Maya, y la otra era igual y la otra, y la otra. Entonces me cansé y me puse en una esquina con las luces apagadas a llamarte y lamentarme por mi pésimo sentido de la ubicación—Con las luces apagadas todo saldría bien, mis carros tienen sistemas de seguridad.  —Okay, hazme caso—Le pido—. Debajo de tu asiento, hay un botón rojo.  —Creo que lo tengo—Murmura en lejanía.  —Presiónalo. Llego en diez.  —Apúrate, hace frío.  Llegué en siete minutos. Pude pedirle que prendiera en rastreador antes, de hecho, pude rastrearla desde el momento que decidió irse de la casa y ella ni se enteraría, pero quería darle espacio, si es lo que yo necesito temporalmente, no puedo exigirle menos. A parte, psicología básica: el ser humano necesita pensar las cosas a solas. Para eso no hay fecha, es solo una necesidad que recurre al momento y que nos termina ayudando a no colapsar y pagar nuestras frustraciones y molestias con otros. Me monté en el Ferrari gris oscuro y fue inevitable no abrazarla y decirle que lo sentía. Que lo sentía de verdad porque yo no hablaba en base a mentiras, me afectó como la mierda alejarla por mero impulso ya que ninguna razón es demasiado justificable como para hacer sentir a otra persona mal y se lo explico. Mi finalidad no era alejarla, que huyera, pero no utilicé la cabeza y terminé haciéndole caso a mis impulsos, logrando de esa forma, solamente apartarla. Manejé hasta mi residencia tranquilo y pidiéndole a William que se viniera en la camioneta por atrás y él hizo caso. Pues era lo mínimo después de que se le escaparan al frente de sus narices.  Ni siquiera cenamos, omito también posibles regaños ya que MarieLu por si sola ha pasado la tarde llorando y disculpándose. Prefiero simplemente subir para que esto pase, se tome como un mal día aunque igual decido hablar. En el cuarto, ya Cleo con mi hoodie de pijama y yo en joggers, tuve la necesidad de darle una explicación. No porque seamos novios, sino porque así soy yo, honesto. También, vivimos juntos y la comunicación es básica para cualquier relación humana, inclusive profesional.  —Es que... soñar con Eric siempre logra desestabilizarme psicológicamente—Me senté, con precaución y advertencia, al lado de ella, mirándola fijamente a sus ojos negros.  —Tranquilo, Alexander. Es solo que, yo he vivido siempre denigrada y maltratada, no puedo aceptar lo mismo por tu parte, no sé que pueda quedar de mi persona si se lo permito a alguien más. De hecho, no sé si quedaría persona después de eso—Me rompe escucharla y que sienta que yo quisiera hacerle daño. No soy un hombre así.  Solamente el hecho de que se le haya pasado la idea de que yo pueda ser un abusivo como su padre y ex novio, me sentí asqueado de mi persona. No soy el mejor ser humano de la Tierra y tampoco pretendo serlo, pero el respeto es algo tan básico y esencial que todos deberían aplicar. No hablo solo de la mujer, hablo de hombres inclusive.  Odio el hecho de que Cleo esté destrozada por dentro, que crea que todos somos iguales, que se sienta hasta culpable a por ello. Yo quiero demostrarle que hay mejores seres humanos. ¿Qué si la cagaré a veces? ¿Cómo no? Puede que llegue un punto en el que peleemos tanto que hasta se replantee el por qué está conmigo. Pero, en mi vida me atrevería a tocarla sin su previo consentimiento y a parte de mala gana.   Bruno White y Derek Relish deben de morir quemados diariamente en el infierno por romper algo tan delicado como lo es Cleo. Un ser lleno de luz. Una niña, que vino al mundo programada para adorar y respetar a su padre, tuvo que verlo pegándole e insultándola y me encargaré de que cada maldito día se lamente de sus pésimas decisiones.  No me he enamorado en una semana, absurdo sería decir eso. Pero, si sé que Cleo es una morena hermosa que me provoca cuidar de todo lo ajeno y lo haré. No seré el salvador de todos. ¡Por Dios! No lo logré con la persona que más amaba en el mundo y por eso siento la repentina necesidad de cubrir esa falta con ella.  Por eso, o por impulso—todavía no sabía bien—la tenía entre mis manos dándole un beso que mostraba evidente pasión y deseo. No diré que Cleo es experta besando, realmente han existido mejores pero yo puedo mejorar eso. Tiempo teníamos.  Su pequeña mano, con las uñas siempre arregladas, empezó a levantarme la franela blanca de algodón con la que yo dormía, dejando mi pecho y abdominales al descubierto. La agarré con delicadeza y dureza de sus muslos, poniéndola así a horcajadas sobre mí. Su largo y rebelde cabello interrumpió el beso y por eso se lo ató; mis manos están en su espalda baja, pero poco a poco le fui subiendo el suéter, tocando su erizada piel. Soltó un gemido que me pareció adorable y empezó a jalar de mis labios, mordiéndolos y fue lo que bastó para que la pusiera debajo de mí. El suéter, pasó a ser historia; el sujetador lo quité tan rápido como se puede contar hasta cinco; su ropa interior de abajo, color n***o, lo rompí. Estaba toda expuesta para mí y pude sentir la incomodidad en sus ojos. —¿Estás segura, amor?—La miré a los ojos para detectar cualquier duda.  —Si... Es solo que... yo nunca—Asentí y la callé con un beso, ella misma puso mi cabeza donde quería y lo entendí al instante.  Con Cleo debo ser delicado, es una necesidad. No hay instinto de mandas al tocarla por primera vez.  Los gemidos hacen coro. Su espalda se arqueó completamente. El aire oliendo a nosotros. Sonidos de placer. Explosión. Deseo. Ganas. Me hace señas con la cabeza con la cabeza y por eso busco rasgar el pequeño pero cumplidor envoltorio. Me lo coloqué yo mismo, pues sabía que ella estaba tan nerviosa que no lo haría.  Me posicioné entre sus piernas y le di un delicado beso en el cuello, se retorció. Después fui a por su boca, mientras con mi mano derecha le hacía cariños en sus pómulos sonrojados.  Sé que cualquier movimiento en falso pudiera hacer que lo que he logrado se desvanezca en un minuto pero también sé que esto está siendo una maldita tortura para mí. Este no es mi estilo pero me está consumiendo entero. Me está haciendo sentir vivo. Sus uñas, ni tan cortas ni tan largas, están siendo enterradas en mi trabajada espalda.  Juro que ya estaba a nada de entrar, cuando sentí que el beso se estaba tornando salado y abrí los ojos para encontrarme con los hinchados de Cleo, que se avergonzó al notar que ya yo me había percatado. Mi shock no duró mucho porque el sollozo hizo eco en toda la habitación. Nos levanté a ambos y la dejé llorar en mi desnudo regazo, hecha un ovillo.  No hablé porque no sabía como reaccionaría, así que me dediqué a hacerle cariños en su empapado cabello mientras la pegaba a mí. Sin entender nada.  —Lo siento—Susurró tan bajo, que si hubiera estado un poco más lejos, ni siquiera se escucharía.  —No tienes que—Le aseguré. Ya mi erección había bajado, pues verla llorando tampoco era lo que más placer le diera a cualquier hombre. Ahora solo quería que me dijera que estuviera bien. Esto era raro. Todas las primeras veces son incómodas, esta más.  —Es que recuerdo a cuando me violaron. Cada que alguien está dentro es tortuoso— Se quiebra delante de mí y el pánico me inunda, sin poder hacer demasiado más que darle mi apoyo.—¡Me siento inútil porque lo peor es que yo quiero hacerlo contigo!—Gritó sorprendiéndome y parándose. Quedando totalmente desnuda ante mí.  —Cleo, no me parece el momento...  —¿Ves?—Lloró más ¿pero que mierda?—. Soy un desastre hasta para el sexo—Todo aquí parecía un error que me destrozaba.  Definitivamente, tengo una cuenta pendiente con esos dos hombres. —No eres un desas...—No me dejó continuar.  —¿No? Interrumpí todo, todo lo arruino por mis malditas inseguridades que jamás me harán querer llegar lejos. Yo tenía sueños, iba a montar una prestigiosa joyería que se basara en hacer coronas, me graduaría de la universidad, tendría hijos, un esposo, una casa... pero no importa lo que haga, siempre viene el maldito recuerdo a mi cabeza. ¿Quién quisiera estar con una mujer que no logra ni siquiera hacer el otro acabe?—No muchos, a decir verdad—. ¿Quién quisiera amarme cuando yo he estado tan rota que ni siquiera he podido aceptar un mínimo sentimiento semejante? ¿Quién...—La interrumpí, acercándome con alerta. Es más baja que yo, por lo que su cabeza quedó pegada a mi pecho.  —No sé quién mas a parte y no me importa, pero yo si. Tú no tienes la culpa de que te hayan tocado puras malas personas en tu vida, amor. Es algo que se escapaba de ti y a lo que tuviste que acostumbrarte, pero yo no dejaré que te quedes así de por vida. Prometo, que si me dejas, te ayudaré a superar cada miedo. Pero Cleo, necesitas dejar de ser tan pesimista ¿si?—Alcé su mentón con mis dedos—. Tus sueños se convertirán realidad, ya no hay Bruno, ya no... —Él siempre estará—Cerró los ojos, sacudiendo su cabeza.  —No si me dejas meterlo en la cárcel.
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