CAP, 10.

3044 Palabras
Tipo de narrador: omnisciente.  Cuando Elijah dijo que se necesitaban reunir pruebas realmente válidas como para tumbar al hijo de un embajador tan importante, Alexander quiso hecharse para atrás, pues era una locura. Lo sorprendente, fue que Cleo decidió que era hora de arrancar el problema de raíz y si la única forma era revivir su vida hace unos meses, lo haría.  No muy convencidos, le dieron inicio a algo en lo que todos tenían sus esperanzas puestas. Una falla significaría un fin, todos lo sabían.  De esta forma fue como las hermanas Mayers, Truth y Violet junto a su mejor amiga, Brittany Davis, se encontraban entrando a New York University. Ninguna tenía la edad, por lo que no había siquiera una inscrita pero ellas eran famosas por la zona y hacían lo que se les venía en gana. A su vez, te dejan pasar con tal de que no interrumpan clases y ellas lo hicieron en el momento perfecto, pues todos se encontraban comiendo.  Violet y Truth tienen vidas perfectas según todos, aman vivir en los Hamptons y que sus padres sean millonarios, pero también tienen un corazón que siempre está dispuesto a ayudar a su primo favorito. Todos las veían pasar, mientras ellas caminaban con su mentón en alto y moviendo sus esculpidas piernas. Se visten un poco raro para algunos, pero ellas lo llaman moda, tener a una tía dueña de una gran marca, significa que no pueden ir con ropa normal. Mezclan colores y se ponen adornos que otros jamás usarían. Como el gran collar dorado con una B cayendo de Brittany, la más idiota de las tres.  Su objetivo lo encontraron de forma bastante fácil, pues todos los populares rodeaban a Bruno White. Su cabello es tan corto que parece rapado, es blanco y si son honestos, no tiene algo que llame la atención pero tiene la vibra de chico malo por la que cualquier mujer caería.  A Violet se le removió el estómago al verlo, pero eso no la hizo flaquear. Estaban todos en círculo, en bancos de concreto sobre la grama que estaba muy bien podada.  Cuatro hombres tenían a mujeres entre sus piernas, todas iban con cosas diminutas, a pesar de que en Nueva York ya estaba empezando el frío, pues otoño solía tener bajas temperaturas ahí. Estas se sintieron intimidadas, sobretodo por como los amigos de Bruno se las comían con la mirada, no era recíproco.  Violet no pensaba cometer el error dos veces.  Truth tiene una relación bastante linda y formal con su vecino.  Brittany es lesbiana.  La hermana más pequeña, roció los asientos duros y grises con un alcohol en spray, esperó a que se secaran y fue cuando ellas decidieron sentarse. —¿Qué haces aquí, Vee?—Dijo Candy, una negra bastante bonita que siempre fue amiga de Violet. Pasa que esta se aburrió, como de todo el mundo. —Les tenemos un súper chisme—Habló Brittany, moviendo su cabello rubio natural y posando sus ojos negros en Joey, que literalmente la estaba desnudando con la mirada, lo que no sabía es que ella le quitaba la ropa a la que el tenía entre sus piernas. Bufó solo de pensarlo, se llama Gia y está explorando su otro lado.  —¿Qué?—Bruno volteó los ojos.  Odiaba el cuchicheo de mujeres.  —Saben que pasamos una temporada en Inglaterra—Dijo Vee—, Con nuestro primo—Miró al idiota que más odiaba. Jamás se perdonaría el haberle dado su virginidad a tal imbécil. O eso quería creer.  —¡Oh!—Candy se emocionó. Siempre le había pedido a su ex mejor amiga que le presentara a esa belleza de hombre pero esta se negaba. Todos sabían que Alexander rechazaría a cualquier mujer que base una conversación hablando de ella misma.  —¿Cómo está ese bombón?  —Tipo, ese el cuento pues—Dijo Truth, la cual jamás había tenido apodo porque no tenía ni idea de cual usar.   Tri suena idiota  Tru le perdía la esencia al nombre  Tutu no tenía sentido Y respecto a Triti, prefería ni siquiera opinar.  Su nombre es lindo y tiene un gran valor para su familia. Es ridículo intentar cambiarlo y lo denominaría una falta de respecto para Eric, la persona que mas extrañaba en la vida. —¿Con quién está?—Preguntó Gia fingiendo enfado, quizá y hasta lo estaba, ni ella entendía que pasaba con su sexualidad.  —¿Van a concluir o qué?—Dijo molesto Robert, odia que la atención no esté sobre él y sus amigos.  —Cleo Relish es la nueva novia de Alexander Culpepper. Quédense con esa—Violet lanzó la bomba mirando fijamente a White, el cual se puso furioso de manera inmediata. Se paró y se fue.  Bastó una llamada a papi. Bruno partía inmediatamente para Londres.  Eran las dos de la tarde en nueva York, cuatro horas más en Inglaterra. En resumidas cuentas, terminaría llegando a casa de Culpepper a las tres de la mañana.  En el pent house de Alexander, siendo las seis de la tarde, había una tensión que Cleo ni siquiera había notado, estaba muy enfrascada en Cosii y Cronos.  Alec era un manubrio de nervios, no quería que a Cleo la volviese a tocar ni la cosa fea que ella llamaba hámster. La quería proteger tanto y de una forma tan inhumana, que si fuera por él la metiera en una caja de cristal y la dejaría vivir ahí, con él al lado. Nunca fue de negar sus sentimientos o ser un hombre mentiroso, la verdad es algo que predominó toda la vida en la familia Culpepper/Bianchi. Y por eso, él se admitía que lo que sentía por Cleo era dañino. Era grave y podía ser destructivo si se lo proponía, ella no sabía amar a nadie y una parte de Alexander, estaba muerta, otro golpe más y no quedaría nada. De ninguno.  Él la veía como algo hermoso, pues Relish lo era. Quizá no era la chica más bella del condado, pues nada en ella resaltaba demasiado pero para él, era todo. Sus ojos café y chiquitos, su cabello largo, marrón y con tonos más claros en algunas partes, su piel de porcelana no tan blanca... resumían todo lo que él quería. Fue imprevisto y bastante masivo, llevan poco juntos pero él sabía que la quería por toda la vida. No buscaba entenderlo, era así.  Alexander no es el tipo de persona que piensa dos veces las cosas, solo actúa. Un impulso le dijo que quería estudiar arquitectura y metió la carrera de una vez. Un impulso le dijo que debía vivir en Londres y sin pensarlo mudó las cosas. Todo para él es así, no piensa antes de actuar porque lo considera una pérdida de tiempo.  Cleo, por otra parte, era la confusión hecha persona. Alexander le gustaba y le parecía atractivo, como a cualquier mujer, pero más allá de eso, le gustaban los detalles que hacía por ella; como cumplirle su sueño de tener una mascota; como pedirle a MarieLu que le preparara su comida favorita; como no dejarla sola; como ir despacio; como hacer algo tan sencillo pero tan lleno de valor para Cleo... buscarle su agua en la noche. Se acostumbró siempre a dormir sola y maltratada, con lágrimas en los ojos. Ya eso no era así y ella realmente no sabía como manejar la situación, pasar de nada a todo era un cambio drástico que no sabía manejar.  El juego favorito de Alexander era meter a la cosa fea, o a Cronos, como realmente se llamaba, en una bola de plástico amarillo y ponerlo a correr por toda la casa mientras Cosii lo perseguía sin entender nada.  El perro, que era malvadamente tierno, nunca estaba en un lugar específico. Las escaleras no lograba subirlas y Alexander no lo permitía. La terraza no era una opción puesto a que el frío lo terminaría congelando, así que MarieLu duerme con él y su esposo. En la mañana lo saca a pasear y lo alimenta, a pesar de que Cleo añoraba con todo su corazón tener una mascota, la verdad es que es bastante floja y por eso lo básico lo hacía la ama de casa, que encantada lo abrazaba siempre.  Cronos... bueno, vivía por si solo, aunque Alexander pasa bastante tiempo con él, hablándole e insultándolo mientras le da comida y le dice que quiere que se convierta en una bola gorda, como sus hermanitos.  —Amor—Dijo Alec en voz alta sin pensarlo, pero es que era la primera palabra que le venía a la mente cuando veía a Cleo emocionada tirándole el juguete a Cosii—, Ya hay que dormir.  Ella solo asintió, dándole un beso a sus nuevos juguetes y pidiéndole a MarieLu que los cuidara como si su vida se tratase de eso.  El plan estaba ya en píe. En la entrada se dejarían chantajear para dejarlo pasar y la puerta sería fácil de abrir. A parte, casualmente se regó la dirección de su casa hace unas horas. Solo un estúpido como lo es Bruno, no se daría cuenta de que está cayendo en una trampa.  Para sellar la noche y calmar la ansiedad de Alexander, que iba de un lado a otro. Cleo decidió hacer su nuevo pasatiempo favorito y montársele encima. Alexander le hizo una cola con su mano, la agarró con fuerza de las piernas, haciendo que las enrollara en sus caderas y la pegó a la pared. Un jadeo inmediato salió de lo más profundo de ambos.  •ø• Tal cual se predijo; Bruno White entró al pent house a las cuatro y cuarenta y tres de la mañana. El perrito empezó a chillar desesperado y todos lo sintieron. Incluso Cleo se despertó, siendo la única que había logrado pegar un ojo en la noche.   Bruno no tardó en subir y abrir puerta por puerta hasta que los encontró. Alexander estaba boca abajo, reprimiendo sus repentinas ganas de cometer un asesinato, su cuerpo iba desnudo, a excepción de un bóxer y es porque había descubierto que con Cleo, la ropa sobraba y terminaba siendo desgarrada. Ella tenía la camisa de él, su largo y con volumen cabello esparcido por todas las sábanas color azul.  White la agarró de los pelos y la bajó por las escaleras. Su cadera chocando con cada escalón, soltando un sollozo en cada uno. La cerámica gris por la que la arrastró estaba fría, pero el vidrio de las escaleras, aún más.  Cosii sollozaba desesperado, pero MarieLu tenía claras ordenes de no dejarlo salir. Ella estaba diciendo hasta nuevos rezos que creó en el momento, con un rosario en la mano. Sencillamente adoraba a su nueva compañera de apartamento y escuchar los golpes que le estaban dando, la desgarraban. Los policías ya tenían las armas preparadas y se comunicaban con señas. Solo necesitaban,.. —¡Siempre serás mí...—Con su correa de cuero, le estaba pegando. Pero esa vez no terminó. Tal cual se prometió, los hombres lo agarraron por detrás, bloqueando cualquier posible movimiento.  «Caí» Bruno pensó eso primeramente, pero después recordó de quien era hijo y se calmó, par él nada es el fin del mundo.  Lo que él no sabe es que el plan estaba trazado a la perfección, no había chance de falla.   —Tiene derecho a una llamada y a un abogado, si no lo tiene, la nación le otorgará uno—Se quejó, removiéndose como la raya que es—. Silencio—Ordenó el oficial con el característico acento británico—. Todo lo que diga podrá ser usado en su contra.  —¡Te arrepentirás, Cleo Relish!—Gritó antes de que el oficial, ya molesto, le pagara con un palo n***o.  La parte más difícil le tocaba a Elijah. Sabía con base suficiente que jamás sería un juicio fácil, no se está metiendo con cualquiera, los señores White tienen contactos suficientes y si no se ponían las pilas, solamente lo terminarían mandando a un psiquiátrico y deportando del Reino Unido. —¿Ya podemos dormir?—Dijo Cleo cuando se acabó el desastre en el pent house. Alexander se sorprendió ante su petición pero le hizo caso Ya no hay peligro. Pensó ella.  Uno menos, falta otro. Pensó él.  •ø• Cleo, se despertó el veintidós de Septiembre, a las siete de la mañana con una sonrisa de oreja a oreja. Lo admitiera o no, el hecho de que Bruno tuviera su merecido, a ella le quitaba un peso de encima. Ahora si podía estar feliz con Alexander sin pensar en terceros.  Todo esto debía agradecerse, por eso se despertó temprano—a pesar de que tenía obvias ojeras—a darle las gracias al universo. Pues él siempre era el que ponía a todos en su lugar, Cleo siempre ha sido espiritualista y aunque perdió la fé hasta en su vida, jamás dejó de creer que la ley de atracción tendría resultado. Hizo una carta, hablando con él y le dijo que solo pedía un buen hombre y que los otros se fueran al carajo—su única groserías, en veintiún años fue escrita con bolígrafo rosado y confiando en que todo se le manifestaría.— Seguía con la camisa de Alec. Agarró sus pequeños cristales de todos colores que siempre traía escondidos y fue a la terraza. Frío hacía pero el día estaba perfecto, gris y soleado.  Se sentó en posición de indio, con los AirPods de Alexander. Subió todo el volumen y meditó al comienzo. Agradeciendo.  Una hora después, alineó sus chakras y como seguía de buen humor, llamó a Cosii y le pidió a MarieLu le trajera a Cronos. Limpió con palo santo—MarieLu tenía—unos nuevos cristales que compró en venezuela y acostó a sus mascotas.  Los dos eran igual de flojos, se podían acostar patas arribas sin hacer nada y ella pensó en ese momento, que había encontrado a la vez su animal espiritual.  Mientras tanto, en el cuarto de arriba, Alexander se despertó a las nueve y media, una vez te acostumbras a dormir con alguien, sientes la ausencia de inmediato. Se cepilló sus dientes y se puso su ropa de hacer ejercicio, hoy iría un poco tarde a la oficina, a la doce del mediodía tenían una cita en The Wellington Hospital Central Building, Donde los atendería la doctora de confianza de Celine. En el juicio tenían que haber más pruebas. Bajó las escaleras confundido y desorientado, pero se sorprendió fue cuando vio a la mota de algodón y a la cosa fea y desnutrida con unas piedras encima y a parte, patas arriba. —¿Qué mierda haces?—Le gritó a Cleo, la cual tenía los ojos cerrados. Rápidamente le quitó los cristales.  —¿Qué haces?—Cleo se molestó también.  —¿Vas a matarlos? ¿Para eso los querías?—Se pasó la mano por la coronilla, frustrado. No pensaba secundar tal atroz idea.  —¿De dónde sacas eso?—Ella lo miró sin entender nada.  —¡Mi casa huele a brujería! —No será por mí. Yo solo le estabilizaba sus chakr... —¡No!—gritó y alzó a Cronos y Cosii—. El tercer ojo ábretelo a golpes tu si quieres, pero con ellos no—Menos con la cosa desnutrida y fea que él escogió y compró. Realmente amaba al ratón. El tema de las mascotas es que pese a que no las quieras, te ganan el corazón.  Alexander sabía de espiritualismo porque MarieLu hacía esas cosas raras, hasta que él amenazó con despedirla, no soportaba pensar que habían presencias en su casa.  —Aburrido—Cleo volteó los ojos y se puso a recoger sus cosas mientras que Alexander agarró a los dos animales y se fue a trotar con ellos. Jamás lo admitiría pero le revisó el puso a cada uno, al menos, cinco veces. También pasó por el apartamento de la señora Roberts la cual es una experta en criaturas caninas, para que esta le reafirmara que todo estaba bien con Cosii.  •ø• Para la cita médica, con la doctora Moore, había pasado cualquier tipo de molestia, pues los nervios era lo único que se sentía. Alexander le tenía la mano agarrada a Cleo, pero él no entendía bien quien estaba apoyando a quien.  —Hola, ya tengo el análisis—Sacó una sonrisa para nada esperanzadora—. Tal cual, Cleo pensaba, ella no puede traer hijos al mundo. En algunas de las palizas o de las violaciones, en las que no fuiste a una clínica—la miró a sus ojos cristalizados—, tuviste una hermorragia interna, donde varios de tus órganos se vieron afectados. Pudieras hacerlos y ese no sería el problema, pero terminarías abortando antes del primer trimestre. Pues tu cuerpo jamás se amoldaría a la nueva vida, no cambiaría y el feto moriría ahogado.  Alexander, en shock, hizo un ademán de despedida y persiguió a Cleo que salió de la consulta sin despedirse y desplomándose a mitad de la calle. Sus gritos desgarradores llamaron la atención de todos, lloraba desde lo más profundo de su alma, sacando todo lo que quería, lo que debía, lo que reprimió.  Lloró por él;lloró por ellos; gritó por ambos; perdió una parte de ella sin siquiera pensarlo, algo que nunca quiso, se le fue arrebatado y de la peor forma.  Alexander se comportó como un novio preocupado. La alzó y cargó hasta llegar a una camioneta y ahí la dejó desahogarse, la llevó a comer dulces después.  Cleo, tomó una decisión en medio de tanto caos y, como todos sabemos, no se pueden tomar decisiones bajo circunstancias, pero no le importó, sabía que no cambiaría.  —Quiero adoptar—Le dijo a Alexander—. Mi familia me demostró que la sangre es más suave que hasta el agua, que las personas fuera de mi círculo sanguíneo, me querrán más que ello y lo mismo le quiero demostrar a un niño. Que su vida no se acabó, que él no terminará como yo.  Porque si. En ese momento lo admitió.  Habían acabado con Cleo Relish.
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