Capítulo cinco
Narración: Derecca Cartwright
Nunca en mi vida me imagine a mi misma viajando por tres días en compañía de mi mejor amiga sátira, con uno que otro mounstro menor y seguir con vida.
Quiero decir, odio salir de la ciudad, me asusta cualquier cosa desconocida desde mis antecedentes de infancia, pero esto va más allá de mi imaginación, aunque supongo que sólo fue la impresión de los primeros días y, para mi mala suerte, tuvieron que seguir apareciendo monstruos para que aceptara que no estaba soñando.
Ahora estábamos más cerca de Long Island con cada kilómetro que recorría el cuarto autobús que hemos utilizado en estos tres días. Luego, supongo que iríamos en taxi o algo así porque el autobús hace una parada en el bosque que separa la calle G7 del campamento mestizo.
Eso significa toda una vuelta en medio circulo para llegar más rápido y sanas al límite de Brooklyn, si los dioses quieren.
Revise el reloj digital en el frente del autobús ¡Rayos! 13:45 ¿tanto tiempo llevamos viajando? Lo bueno es que ya estamos cerca.
—Adeline, llegaremos en diez, ¿tienes todo? —la sacudí ya que parecía apunto de volver a dormir—. Cálculo que caminaremos veinte minutos para llegar.
—¿Eh?...,sí, claro que si —contestó un poco despistada.
Negué con la cabeza y recosté mi frente contra el cristal. Ví pasar autos de los más prestigiosos a los que podrían ser de la era de mi bisabuelo.
14:10
—¡Corre! ¡Esta vez no podemos quedarnos a matarlas! —gritó Adeline a mi lado.
Vaya, lo que puede pasar en veinticinco minutos, ¿eh?
Les daré la historia corta:
1.- Nos bajamos del autobús.
2.- Comenzamos a caminar.
3.- Nos alejamos de la civilización.
4.- Unas "niñas perdidas" nos pidieron ayuda.
5.- Terminaron siendo dos empusas.
6.- Ya casi llegábamos a la colina mestiza
7.- No creo que nadie salga en nuestra ayuda.
¿Ves, lo que puede pasar en veinticinco minutos?
Ahora de vuelta a la realidad.
14:20
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«En el campamento híbrido...»
Narración: Terry Lightwood
Llegaba hoy. Todos estábamos en la entrada, Blackjack dijo que la había visto bajarse de un autobús y caminar hacia aquí, lo más seguro era que llegara en veinte minutos, pero ya habían pasado treinta y todos estábamos impacientes.
—¿Y si vamos a ver? —pregunto Pixer a mi lado.
Comencé a sacudir la cabeza pero Annabell dijo:
—Sí, para estar seguros —asintió.
Esto debía de ser serio, de lo contrario ella no hubiera dicho eso. Caminamos los cinco hacia la colina mestiza, seguidos de algunos hijos de Ares, entre ellos, Claire. Y vaya que nos sorprendimos con lo que encontramos.
En la bajada de la colina, un poco lejos de llegar a la protección del campamento, estaba una chica vestida al estilo metal con cabello n***o violeta, de mediana estatura junto a Adeline, una sátira que se había ido hacia tres años en una misión y nunca volvimos a ver, habíamos supuesto que había muerto pero no, ahí estaba, corriendo junto a la semidiosa de lo que parecían ser unas empusas.
—Deberíamos...—comenzó a decir Pixer vacilante. Nadie contestó.
Todos quedamos un poco sorprendidos ante la escena, no imaginos ni de lejos una llegada así. Es decir, era un pequeño rescate en Maspeth, la chica había sobrevivido 16 año sin problemas y de repente ahora la atacan. Nosotros suponíamos algo como: "¿Qué tal, como son las cosas por aquí? Me encontré un par de monstruos inofensivos en el camino, pero ¿a quién le importa? Estoy viva, oigan ¿eso que veo es un centauro?"
Una empusa se lanzó hacia la sátira, y en eso, pareció que la semidiosa reaccionó, porque se tiró sobre Adeline al tiempo que la empusa movía sus garras.
La chica se dio la vuelta y tocó su collar, al instante una espada negra estaba en sus manos y corrió hacia una empusa que se aproximaba hacia ellas. Salto y dejo escapar un grito de guerra al tiempo que clavaba la espada en el pecho de la empusa y esta desaparecía en polvo dorado.
Se reincorporó enseguida y se enzarzó en una pelea con la segunda y última empusa.
Esquivo un golpe y dio un tajo con su espada a los costados de la empusa, aprovecho que se despisto y le dio una patada en el estómago, un codazo en el pecho, flexiono una pierna, agarro la cara de la empusa y la estampó contra su rodilla. Clavo su espada en la espalda del mounstro y la empusa desapareció en polvo dorado.
Ella corrió hacia la sátira, le dio una mano, se levanto y abrazo a la semidiosa. Ambas se dieron la vuelta y nos vieron a nosotros en lo alto de la colina. Hasta ahora no me había dado cuenta que todos tenían la boca abierta por la sorpresa, inclusive Claire y Annabell
Esa si que fue una gran llegada. Una guerrera nata.
La lucha de la semidiosa tenía a todos sorprendidos, y más porque lucho sola con dos empusas. Claro que nadie estaba orgulloso con no ayudar pero ella verdaderamente no lo necesito.
Claire Larson estaba tan sorprendida que incluso fue corriendo hacia ella y la sátira, que se habían detenido al verlos.
—Hola, me llamo Claire, hija de Ares —se presentó con su típico tono brusco de voz.
Derecca sonrió y Adeline abrió los ojos como platos, reconociéndola.
—Hola, es un placer conocerte —asintió hacia ella Derecca—. Soy Derecca Cartwright, de Queens. No sé nada de mi divinidad —se encogió de hombros.
Claire esbozo una sonrisa, seguro gustaba su actitud y su manera de vestir. Obviamente no era hija de Afrodita, ni de Atenea, y desde luego, no era hija de Hypnos, porque la veía rebosante de energía. Más bien, parecía una completa hija de Ares.
«Dioses, no».
—Bienvenida al campamento híbrido.
Comenzamos a caminar hacia los campistas, mientras Adeline casi saltaba de felicidad por estar de nuevo en casa, con su amigo Gowter.
Yo fui el primero en acercarse, ganándome una mirada furibunda de Clary que ignore olímpicamente.
—Hola, soy Terry Lightwood, hijo de Poseidón —me presenté con una sonrisa radiante.
Los demás comenzaron a acercarse y presentarse mientras ella les miraba de uno en uno, analizándolos:
—Hola, soy Pixer Bennet, hija de Afrodita.
—Annabell Rawson, hija de Atenea.
—Jacob Sprout, hijo de Júpiter.
—Leonardo García, amo y señor del fuego —le guiñó un ojo—. Ah, e hijo de Hefesto. Puedes llamarme León.
—Un gusto conocerlos —murmuró—. Derecca Cartwright, es un gusto conocerlos a todos —se veía un poco confundida entre tantos nombres que le habían dicho a la vez, además de padres divinos. Ni sabía el de ella y ya iba a aprenderse el de otros. Pero sé que se las arreglara.
Pixer hizo un gesto con la mano, restándole importancia.
—Nadie lo sabe hasta que lo reclaman en el comedor o la fogata —la ánimo y le dio una sonrisa animosa.
—Por cierto, ella es Adeline —señalo a la sátira que estaba a su lado—. Mi mejor amiga.
La sátira alzo la barbilla orgullosa.
—Me recuerda a mi y Gowter —comenté con aire pensativo. Annie me dió un codazo.
—Hace años que no te veíamos, ¿fue ella parte de tu larga misión? —preguntó Anabelle, haciendo caso omiso de mi estúpido comentario.
Adeline asintió y sonrió.
—Gowter estará feliz de volver a verte, no ha vuelto a encontrar una mejor amiga. Pero ya tiene un mejor amigo, claro —dije. Todos rieron.
—De acuerdo, hay que llevarla a La Casa Grande —gruño Claire, empezando a caminar.
Los ocho nos pusimos en camino.
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Narración: Derecca
—Entonces así es como llegue aquí —finalicé.
—Guau —murmuró Pixer.
—Supongo que aquí es donde tengo que decir "Bienvenida al campamento mestizo, que bueno que no moriste en el intento por llegar aquí, bla bla bla, no te fíes de tu suerte, esperó y te diviertas con los otros mocosos de aquí, Destiny" —dijo el que los chicos dijeron, es el Señor D; o Dioniso, dios del vino.
Me encogí de hombros y no me moleste en corregirle mi nombre, ¿qué más da?
—Súper —musité.
El dios alzo una ceja por mi desinterés pero me volteé hacia el centauro, Quirón, quién estaba parado (o en sus cuatro patas) sin decir nada.
—¿Voy a la cabaña de Hermes, no? —pregunté.
Él asintió con una sonrisa.
—Primero debes conocer el campamento —dijo echando una mirada a los chicos esperando algún voluntario.
—Yo se lo mostraré —se ofreció el tal Leonardo García.
Un rato después, estaba con los ojos abiertos en grande mirando algo que solamente existía en los cuentos de hadas.
—Así que de verdad existen los pegasos —murmuré sorprendida, viendo pues... A los pegasos.
¿Así o más descriptiva?
Me había mostrado el área de entrenamiento, los campos de fresas, el lago, el pabellón, la zona de arquería, el rocódromo, la sala de Mitología (según él, Annabell impartía esa clase para los novatos y no-novatos), la arena de combate y bueno, todo estaba resultando ser súper guay. Y se veía divertido, no era lo que esperaba, pero estaba bien.
—Sí, son una monada —asintió León en acuerdo.
—Entonces, ¿qué sigue? —pregunté con ansiedad.
—Las cabañas —respondió mientras comenzaba a caminar por un sendero, lo seguí mientras el seguía hablando-, cada cabaña representa a un dios olímpico, en donde sus hijos habitan cuando son reconocidos. Excepto por las cabañas de Hera y Artemisa, todas están aunque sea con pocos campistas, ocupadas —explicó—. Cuando te reconocen, algo así como un holograma aparece por encima de tu cabeza con su representación. Ya sea griega u romana, depende. ¿Ya sabes si es padre o madre divino? —preguntó.
Asentí con la cabeza.
—Padre —respondí segura de ello.
Llegamos a lo que parecían ser cabañas que formaban una Π omega. Todas se veían muy bonitas y estaban llenas de bullicio.
Fue enseñándome las cabañas una por una, y todas resultaban igual de impresionantes, más la de Hades, que estaba oscura y tenebrosa de un modo espectacular. Algunos me miraban con sorpresa, otros sin interés, o inclusive, con sonrisas.
Me preguntó cual será mi cabaña, y si llegaré a encajar aquí.
Espero que sí. Incluso si recibía esas miradas duras de aquel chico pálido y de cabello oscuro, cuando me volteaba repentinamente, lo veía. Él no se acercaba, y yo tampoco. Pero ambos nos habíamos visto a los ojos, algo raro sucedió. Sentía mi corazón latir rápido, y un loco impulso de acercarme hasta él.
Pero no lo hice. Seguí con mi camino, sus ojos siguiéndome todo el tiempo...
¿Quién era él?