VI: Extraño reconocimiento

1012 Palabras
Capítulo seis Narración: Narrador Derecca se sentía muy feliz cuando terminaron el recorrido, y luego la caracola sonó, anunciando el almuerzo. Leonardo le había dicho que debía sentarse en la mesa de Hermes, éste dios, además de ser dios de los ladrón y viajeros, también era un dios hospitalario, y aceptaban semidioses no reconocidos. Se despidió de León y caminó hacia allí, donde un montón de chicos estaban riendo y haciendo bromas entre ellos. Al acercarse, dos chicos parecidos de cabello castaño y ojos azules se levantaron. —Hola, soy Trevor Stoll —la saludó el que parecía estar unos centímetros más alto que el otro—. Y él es mi hermano, Conrad Stoll. —Seguramente eres la nueva, la que mató a las empusas —dijo Conrad. Asintió con una sonrisa nerviosa, todavía no muy cómoda con el término “nueva y ya es asesina”. —Sí. —Ven, ven —murmuraron, haciéndole señas para que se sentara. La tomaron ambos del brazo y la sentaron entre ellos dos. —Tienes que pensar lo que desees comer y las ninfas te lo harán aparecer, es sencillo —le explico el que parecía ser Trevor ¿O Conrad?) cuando notó que miraba con curiosidad como los demás aparecían su comida. Pensó en dos sándwiches de pollo, una dona de fresa, jugo de naranja, un filete, y un pedazo de chocolate. Éstas aparecieron al instante frente a ella. Parpadeó sorprendida, además de sentirse tonta por pensar en tanta comida. Tomó su comida y la fue a quemar, viendo que era lo que los demás hacían. Una niña la miraba desde las brazas del fuego, se veía muy dulce, Derecca no tardo en reconocerla y le sonrió con amabilidad, se inclinó un poco, por respeto. —Hola, mi señora Hestia —la saludó, antes de añadir—: Lindo vestido. Los ojos de la niña brillaron con agradecimiento, puesto que muy pocos la trataban con semejante respeto. —Muchas gracias, cariño —la diosa sonrió. Derecca tiro un sándwich a las brazas y pensó: «Para los dioses. Gracias por recibirme en su mesa, señor Hermes.» A él le tiro un pedazo de su chocolate. «Y para mi padre». Tiró un filete. Derecca se despidio de la diosa con una sonrisa, y fue a su mesa a comer. ✻ ✻ ✻ Todo estaba tranquilo, tanto como puede estar con un montón de semidioses reunidos en circulo alrededor de una fogata que cambiaba con el estado de ánimo de los campistas, cuando una luz ilumina un espacio cercano, muy cercano a Derecca, y todo queda mortalmente en silencio. Miro a su alrededor, preocupada de que un meteorito esté por algún lugar, y se sorprendió al darse cuenta de que todos la miraban a ella. O arriba de su cabeza. Como era de esperarse, ella también miró hacia allí, y casi suelta una exclamación poco digna de una señorita. Había un holograma, como le había explicado Leonardo. Pero era muy extraño. Una antorcha invertida, un tridente, un martillo y una cabeza de jabalí apretados en un circulo dorado. —Salve, Derecca Cartwright, hija de Tánatos, dios de la muerte pacífica, y nieta de Poseidón —la voz de Quirón trono en todo el lugar, mientras los campistas y el centauro se arrodillaban. «Gracias por reconocerme, papá», pensó en su cabeza, «También a ustedes señor Poseidón, Hefesto y Ares». ✻ ✻ ✻ Narración: Derecca —Entonces es descendiente de ellos, eso esta más que claro —dijo Annabell—. Pero no me explico cómo se las arreglaron para meterse con tantos dioses sus abuelas. —Eh, más respeto, son mi familia —replique. Aunque estaba pensando exactamente en lo mismo. —No lo decía de esa manera —se disculpó, aunque con ese brillo astuto en sus ojos grises, no parecía sentirlo —. Es sólo que esto es completamente nuevo. —Entonces, la cabaña que hemos estado construyendo, ¿era para ella? —preguntó Pixer. Quirón asintió. —Su padre me lo había pedido —me miró al decir esto—. Tu cabaña estará lista en cuatro días. Asentí. Pero no pude evitar preguntar: —¿Seguiré en la cabaña de Hermes? Negó con la cabeza. —Ya has sido reconocida, debes de ir a la cabaña más parecida —nos miró con cautela antes de hablar—. La cabaña de Hades. Todos comenzaron a mirmurar cosas a la vez y casi me da un calambre en el cuello por mirarlos como pelota de ping pong. —Nikolai se enojará —murmuró Terry. —No tiene nada de malo —chilló Pixer en contra. —Es lo más lógico —comentó Annabell pensativa y con mirada vaga. —Hablaré con él, tranquilos —dijo Jacob con naturalidad. —No creo que sea buena idea —Bufo Terry—. Pero supongo que es lo mejor por ahora. Aunque Nikolai será difícil de aplacar. —Soy guapísimo —exclamó Leonardo—. Las chicas se mueren por mi. —Por tus chistes, querrás decir —dijo con voz burlona Pixer. León estuvo apunto de replicar. —Ya está decidido, dormirá en la cabaña trece hasta que se termine de construir la cabaña veintiuno —sentenció Quirón, lanzándoles una mirada seria—. Vayan a dormir todos. Derecca, recoje tus cosas de la cabaña de Hermes y acómodate en la cabaña trece. Asentí y León dijo antes de que saliera: —Yo la llevo —todos lo miraron y se apresuró en añadir—: Por si acaso se pierde. Todos me desearon buenas noches al llegar a las cabañas y cada quien se fue por su camino, mientras Leo me acompañaba a la que me había parecido más guay. La cabaña de Hades. —Sombritas tiene todo muy tétrico, pero seguro eso no es problema para ti —dijo León Asentí. —Es genial el estilo de... “sombritas”. Me paso mis cosas que habíamos recogido de la cabaña de Hermes con los chicos y me dio un beso en la mejilla. —Descansa, huesitos —reímos—. Nos vemos mañana en el desayuno para entrenar. Se fue y yo camine los escalones de la cabaña. Por dentro estaba mucho mejor; dos literas, armarios, un baño, una consola, una televisión con video, todo lleno de polvo, paredes oscuras, techo con telarañas en las esquinas y un retrato en la mesita de noche de la primera cama. Deje mis cosas en el pie de la segunda cama y mire el retrato: Dos niños y una señora me miraban con una sonrisa y felicidad desde la foto. Los niños parecían ser hermanos: Mismo color de ojos oscuros, piel pálida y cabello azabache. Suspire. Estaba muy cansada. Así que me tire en la cama, sin cambiarme de ropa, y me dormí instantáneamente: Sin sueños y con el olor a malvaviscos quemados en mí nariz.
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