VII: ¿Hades pide consejos?

1756 Palabras
Capítulo siete Narración: Narrador «En el Inframundo...» El hijo de Hades se paseaba por la sala de la casa del inframundo de su padre, esperándolo precisamente a él, pero diablos ¡se estaba tardando demasiado! Tenía que hablar con él sobre su regreso al campamento, y es que ya habían pasado tres días desde que había comenzado, ¡su padre le había dejado un montón de trabajo en el inframundo! Lo bueno era que al fin tenía todo terminado y ya podía irse. Después de hablar con su padre, claro. —Estoy aquí —la voz de su padre resonó en toda la sala y Niko se dio la vuelta, encarándolo y viéndole con mirada acusadora—. Vale, me he demorado mucho, ¿qué te puedo decir? Soy un dios un poco ocupado. —No me digas —dijo sarcásticamente su hijo. Hades entrecerró los ojos. —¿De qué querías hablar conmigo, niño? —preguntó. —No quería hablar; sólo comunicarte que me voy —respondió con indiferencia. Hades lo analizo con la mirada. —¿A dónde? Nikolai rodó los ojos exasperado, tenía ganas de gritarle a su padre si era ciego o qué. Pero era un dios, un asco de padre, pero un dios. —¿A dónde más, sino al campamento híbrido? —Ah, ¿tan pronto? —preguntó confundido. Niko ya estaba por arrancarse los cabellos. —Ya pasó un año, no es nada pronto —replicó entre dientes. Hades simplemente se encogió de hombros. —El tiempo para un dios pasa de manera distinta. —Ya —se limitó a decir Nikolai con furia contenida. Hades se incómodo un poco. —¿Cuándo te vas? —preguntó un poco dubitativo. Nikolai rodó los ojos, una manía muy típica de él. —Hoy. Hace tres días que empezó —respondió con cansansio, sabiendo que con enojarse con su padre no ganaría nada—. Así que, si me disculpas, iré por mis cosas y te honrare sin mi presencia. Antes que Hades pudiera siquiera pestañear, Nikolai ya estaba fue a su habitación en un viaje sombra. ✻ ✻ ✻ Narración: Hades Ese muchacho le traía loco, trata de hacerse el indiferente, para que el demuestre alguna emoción, pero su hijo parece bien con eso, como si le diera igual. Y dolía. Dolía porque era su único hijo varón vivo. Trataba de tratarlo como a cualquier bicho, pero su hijo parecía muy conforme y jamás le preguntaba o rogaba con que lo tratará bien, ni una explicación. Ser un dios no le eximía de sentirse un mal padre. El dolor era una sensación que no le gustaba, pero nada podía hacer, después de todo, era su hijo ¿no? Suyo y de María, una mortal a la que había amado demasiado. Él le traía recuerdos dolorosos, pero también felices. Ya no sabia que hacer para acercarse a su hijo, trataba de mantenerlo en el inframundo el mayor tiempo posible. Con él. Pero como siempre, su hijo parecía ansioso por irse, como si quisiera huir lejos de casa, de su lado, a pesar de ser hijo de un dios de los muertos, podía notar que odiaba estar allí. O simplemente, cerca de él. Suspiro pesadamente y hizo lo que siempre hace cuando necesita un consejo. Llamó a su amigo, el rey de los muertos, Tánatos. Unos segundos más tarde, lo tenía frente a él, llegando en trasportación sombra, algo más fácil y sencillo que un viaje sombra. —Hades, amigo mío, ¿necesitas algo? —preguntó Tánatos, con su habitual mirada seria, pero siempre podía notar la calma en su amigo, como si estar apareciendo de vez en cuando frente a Hades para darle consejos, no le molestara en absoluto. Hades lo agracedía, porque posiblemente no tenía a nadie más y dudaba que él fuera así de tranquilo. Pacífico. ¿Por algo Tánatos era el dios de la muerte pacífica, no? —Un gusto verte, Tánatos —saludó—. Creo que adivinarás de que quiero hablar. Su fiel amigo asintió, y fueron a sentarse en el sofá. —Ya no sé que hacer, esto es difícil, trato de que las cosas vayan bien con mi hijo, pero a simple vista parece que me detesta y no quiere estar aquí. Hago muchas cosas para tenerlo aquí... —comenzó a explicar Hades. —Retenerlo, querrás decir —lo interrumpió Tánatos. Hades asintió, frustrado. —Pero no puedo. No lo entiendo, soy el dios del inframundo, debería darme igual Nikolai, pero es mi hijo, y no puedo evitar quererlo e incluso preocuparme por él —continúo—, nunca me había pasado. Además, es mi único hijo varón vivo, trato de hacer las cosas como un dios, pero a veces quiero que Nico vuelva a ser el de antes; alegre, sonriente, feliz...que me quiera. Tánatos asintió con comprensión. —Te entiendo muy bien —murmuró—. Lo que deberías tratar de hacer, es no actuar indiferente, porque así sólo lograrás que él crea que no te importa, y se alejará. Tratalo como padre; no como un dios. Hades esbozo una sonrisa. —Gracias, amigo. Tú siempre sabes que decir, sin alterarte —dijo Hades—. Queda a la perfección que seas el dios de la muerte pacífica. Tánatos rió, era un dios bastante agradable, y para nada ermitaño y serio como se esperaba que sea. —De alguna forma tenia que ser así, sino ¿cómo conseguiría quitarle el alma a alguien, sin mi tranquila persuasión? —bromeó. El dios Hades sonrió. —Me sorprende que no tengas hijos, semidioses, al menos. —Lo cierto es que...tengo dos hijos —soltó Tánatos de repente—. Un hijo adoptado y una hija. Hades lo miro sorprendido por su respuesta repentina. —Nunca me lo habías dicho —dijo con voz acusadora. Tánatos hizo una mueca —No era tiempo, además; era mejor así, sin que nadie lo sepa hasta que tenga la edad suficiente. Hades lo miro, dudo en preguntar,pero al final lo hizo: —¿Tú... Los quieres? —Demasiado. Los quiero por igual, tengo un lazo especial con él. Y ella es mí niña, fruto de la relación con una mujer maravillosa —respondió. —¿Cómo se llaman? —preguntó el dios del inframundo con curiosidad. —Derecca Cartwright y Demián Hale —respondió. Hades parpadeo. —Vaya, sus nombres tienen las mismas iniciales. Tánatos sonrió. —Sí, cosas del destino, ciertamente. —¿Dónde están? —preguntó. —Derecca está en el campamento y Demián esta en camino —respondió. —Será un agradable encuentro —comentó Hades. —Lo será —asintió Tánatos ✻ ✻ ✻ Narración: Nikolai Daddario Listo. Tenía todo preparado para regresar al campamento. Ropa, desodorante, dracmas, su espada, y tres converse en una mochila. Le dejo una carta a un sirviente zombie para que se la diera a su padre y desapareció en un viaje sombra para ir al campamento híbrido. Todo estaba como lo recordaba. Excepto que cuando se fue todo el campamento estaba con mestizos de aquí para allá, dado que algunos se iban y otros se quedaban, así que la mayoría iba a la colina mestiza a despedirse. Camino en silencio hacia su cabaña, dispuesto a tirarse en su cama y dormir. Debían ser las doce de la madrugada, por eso todo estaba en silencio y además, el viaje sombra lo había agotado. Se sorprendió con lo que se encontró. O más bien, con quien se encontró en su cama. Una chica. Podía distinguirla un poco en la penumbra: cabello n***o desparramado sobre la almohada, tez pálida, vestida al estilo metal y parecía estar dormida. «¡¿Qué demonios?!», exclamó Niko en su mente. No sabia que hacer, ¿la despertaría y pediría explicaciones?, ¿lo dejaría para mañana mientras ella seguía aquí, durmiendo cómodamente en SU cama?, no, ni hablar; la primera opción, definitivamente. Se acercó a la cama y la sacudió con impaciencia para no gritarle. —¿Mmm? —murmuró la chica entre sueños y Niko le dio una sacudida más fuerte, haciendo que la chica se despertará y lo mirara con sorpresa. —¿Se puede saber que haces en MI cabaña y en MI cama? —preguntó Nikolai con ira contenida. La chica se sentó en la cama y se quito las sabanas negras, dejando ver un short de cuero y largas piernas bronceadas. —Nikolai Daddario—saludó. Eso hizo que Nikolai se enojara aun más. —Respóndeme. La chica suspiro. —Me mandaron aquí —respondió sin importancia. Niko trató de disimilar su sorpresa, ¿aquella chica era su hermana?, ni siquiera quería pensarlo. Pero tenia el típico de los hijos de Hades: cabello n***o, piel pálida, aunque parecía un poco bronceada, ropa de chicos malos y una mirada decidida. —¿Hija de Hades? Ella rodó los ojos, y lo miro con molestia, como si aquello fuera insultante, cosa que ofendió a Niko. —Claro que no. No quiero ni pensar en ser hermana tuya —respondió. Él apretó la mandíbula. —Entonces, ¿qué demonios haces aquí? —siseó. Ella suspiro y se volvió a sentar en la cama. Se encogió de hombros. —No han terminado mi cabaña —murmuró y luego bostezo. —¿Terminado? —preguntó Nico confundido—. ¿Tú padre o madre divino no es de ninguna de las veinte cabañas? Ella puso los ojos en blanco. —¿Por algo estoy aquí, no? —respondió con otra pregunta. Niko se enfureció. —Si tú padre no es Hades, entonces ¿quién rayos es tu padre o madre divino? —espetó—. Seguro y es un diosecillo súper raro y aburrido. Los ojos de la chica chispearon con ira. —Más respeto, no quiero que tengamos problemas —dijo entre dientes y añadió—: Por lo menos, no ahora. —Nadie me dice que hacer. —¿Y? —Si no te callas olvidare que eres una mujer y... —¿Y?, no es la primera vez que un hombre me amenaza —se encogió de hombros—. Ni la primera vez que me peleo con uno así que, olvidalo. Nikolai parpadeo, sorprendido. No esperaba esa respuesta, esperaba algo como: “No, por favor, quiero vivir, cerrare mi maldita boca y me iré de su cabaña, señor”, pero no esperaba eso. Se recompuso rápidamente y la analizó con la mirada. —Bien, pareces ser una hija de Hades —ella gruño por eso—, pero no lo eres así que, ¿me responderás de quien eres hija? O más bien; quién eres. Ella suspiró y sus hombros se relajaron, pero la tensión seguía patente en el aire. —Soy Derecca Cartwright, hija de Tánatos —respondió y tomó una bocanada de aire antes de proseguir—, nieta de Poseidón, bisnieta de Hefesto y tataranieta de Ares. Nikolai quedo pasmado. —¿Estás de broma? —preguntó con los ojos abiertos. Ella hizo una mueca. —No. Hablo muy enserio —dudó un segundo pero al final se decidió—. Lamento mi comportamiento... Pero no me han tratado muy bien desde que llegue. Es como si quisieran permanecer lo más lejos posible de mi y bueno, no es que me queje, me gusta estar un poco sola —suspiró—. Pero tampoco me gusta ser tratada como un bicho raro. Nikolai asintió, comprensivo; a él le pasaba lo mismo y se sintió un poco mal por como la había tratado. —Eh, yo...disculpa mi actitud —ella asintió—. Ser hijo de Hades tampoco es tan fácil. Derecca sonrió. Y Nikolai, sorprendentemente, le devolvió la sonrisa. —Bueno...supongo que es hora de dormir —cambió de tema Derecca—, es tarde, mañana podríamos seguir hablando. Nikolai asintió. —Puedes dormir en mi cama, si quieres —se encogió de hombros—. A Hazel no le gusta compartir su cama. —¿En serio, no te importa? —Nico sacudió la cabeza—. ¿Y tú? Él ladeó la cabeza. —La cama es demasiado grande. —Bueno...vamos, estoy muerta —bromeó y Niko rió por lo bajo. Se acostaron sin decir nada más, él en el lado derecho y ella en el lado izquierdo; cayeron al mismo tiempo dormidos profundamente sin sueños.
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