Capítulo 1, ¡Me casare con Daniel!
Dos días después del funeral de su abuelo, Lía llega a la habitación de su hermana Eva y nota que lleva puesto un lindo vestido, muy sencillo pero hermoso.
— ¿Qué haces Eva?—Pregunta Lía con mucha intriga y frunciendo el ceño.
— Solo me estaba arreglando para la boda con Daniel.
—No habrá boda, yo soy feliz así como estoy, y no me voy a casar con él, además hermana ¿qué sabes de ese hombre?, porque al parecer el Abuelo lo conocía muy bien y tú pues ni se diga.
Refunfuñó Lia, mientras Eva la miraba y sonreía con picardía para luego responder.
— Él es viudo, multimillonario, y muy, muy guapo, un gran empresario reconocido a nivel mundial, últimamente se han filtrado noticias negativas sobre el, donde lo acusan de asesino, asesino de sus esposas.
—¡Detente ahí!, ¿me quieren casar con un asesino? ¿cómo sabes todo eso? y si es un empresario reconocido ¿por qué no lo conozco?, no recuerdo haber hecho negocios con él, esto es una locura, ¿Asesino de su esposa?— se expresó indignada.
— No es un asesino, son chismes. Él tiene un asistente es su hombre de confianza un intermediario, quien se encarga de hacer los negocios, poco sale en público, por eso no lo conoces.
—¿Quién es?, ¿tienes alguna foto?
Eva buscó una fotografía en su teléfono y se la mostró
—Pero esta guapo el condenado, por qué el abuelo dijo que era feo, si está bien simpático el condenado, aunque igual no lo conozco— haciendo una mueca en su rostro.
— En realidad es muy guapo, no es feo, sufrió un accidente y le quedó una cicatriz en su hermoso rostro. Nada de qué avergonzarse.
Lía sentía curiosidad, quería saber quién era ese hombre, y porque no quería mostrar su rostro, sin embargo mantenía la decisión de no casarse, no quería hacerlo tenía otros planes y varias empresas la esperaban, no quería atarse a un matrimonio.
Eva volvió a buscar en su teléfono y mostró la foto más reciente y donde podía verse la cicatriz en su rostro.
— Él es Daniel Blanchard, 34 años, guapo, se rumoraba que era gay, luego asesino, pero es un buen hombre, yo no creo que haya matado a su esposa y gay jamás, nos hicimos amigos por los negocios con el abuelo, es un caballero, aún no se por que quedó viudo—Aclaraba Eva .
Mientras Lía estaba impresionada mirando fijamente la fotografía, ahora sabía por qué se ocultaba detrás de un intermediario para hacer negocios y para no salir en público.
Se podía notar que si era un hombre muy guapo, sin embargo esa cicatriz se veían realmente mal, cualquier persona que lo viera por primera vez se sentiría intimidada, impresionada y hasta incómoda solo de verlo, ella tragó grueso y negaba con la cabeza.
—¡Eva no!, yo no me voy a casar con él, por mucho que me lo quieras vender—dijo Lía muy seria.
—No te lo estoy vendiendo, digo lo que es y lo sé hermana, tu eres muy joven aún y no mereces estar amarrada a un matrimonio sin amor, solo por un contrato, no estoy de acuerdo con esa boda, por mucho que me agrade Daniel.
—Bueno entonces vámonos, ya tus maletas están en el auto nos iremos a Francia hoy mismo, no me casaré con ese hombre, haremos una vida nueva allá, me ayudarás con mis empresas.
—Por supuesto que no te casarás con él, hermanita, yo seré la que me case, si quieres puedes viajar a Francia tu sola, vive tu vida y se feliz, yo me opongo a que te cases con Daniel sin amor, sin siquiera conocerlo.
—¡No, no, no, estás loca!— expresó lía muy impresionada—, jamás dejaré que te cases por contrato y menos por algo que acordaron por mi, por favor Eva entra en razón.
—Creeme es lo mejor Lía, tú sigue con tu vida, yo estaré bien, así seguiré con los negocios y levantaré nuevamente la empresa que nos dejaron nuestros padres.
—Dije que no y de aquí no me muevo hasta que bajemos juntas y nos larguemos de aquí.
Eva no quiso llevar la contraria a su hermana así que le dijo.
—¡Ok está bien!, tu ganas, se hará lo que tú digas hermana, solo déjame hacer una llamada, préstame tu teléfono porque es llamada internacional— Estirando su mano para que le pasara el teléfono.
A Lía no le pareció extraño solo le entrego el teléfono mientras se sentaba en el borde de la cama.
Eva caminó por la habitación levantando el teléfono, fingiendo no tener señal y se detuvo justo en la puerta. Lía seguía sentada, pero extrañada cómo no iba a tener señal cuando cae en cuenta su hermana estaba fuera de la habitación y cerró la puerta.
Lía se levanta rápido de la cama y corre hacia la puerta, pero ya era tarde la había cerrado con llave.
— ¿Qué haces? Eva , ¡abre la puerta!, estás loca, abre la puerta—Gritaba con desesperación.
— Lo siento hermana, para cuando salgas de aquí ya no podrás hacer nada, porque yo seré la esposa de Daniel Blanchar, no me pienso ir a Francia contigo y menos dejar perder la empresa de nuestros padres.
—¡Eva no cometas esa locura por favor!, hermanita ¡por favor!. ¡Está bien!, aceptaré que te cases con ese hombre—Lo decía suplicando para que le abriera la puerta, más no por qué lo aceptará.
— Si te saco de ahí no vas a cumplir, me casaré con Daniel y tú no podrás hacer más nada— Eva corrió y dejó el teléfono de Lía sobre una mesa en la sala.
— ¡Eva abre la bendita puerta ya! no estoy jugando—Lía golpeaba la puerta con desesperación, pero la muy astuta de su hermana, hizo creer a todo el personal que Lía se había ido a la boda, nadie sospechó nada.
Lía estaba desesperada no encontraba cómo avisar que ella estaba encerrada en esa habitación, solo golpeaba la puerta con desesperación, la ventana era de seguridad y aunque pudo romperla, estaba muy alto y nadie podía verla o escucharla, para ella era una pesadilla estar encerrada la hacía recordar cosas malas del pasado.
Mientras tanto la limusina llegó a la mansión Blanchard y Eva bajó con su hermoso vestido, el abogado de Daniel esperaba la llegada de Lía, pero se sorprendió al ver a Eva .
— Hola, me podrías anunciar con Daniel Blanchar, por favor—Pidió Eva , un poco nerviosa.
— Hola, y Lía ¿dónde está?— interrogó Alirio abogado y mejor amigo de Daniel .
— Ella no vendrá, por eso quiero hablar con Daniel, por favor—rogó la chica, con mucho susto en sus ojos.
— Está bien, pasa adelante—señalando la entrada.
Caminaron hacia el estudio de Daniel y al verla sonrió y saludó de manera muy cálida. Ellos eran buenos amigos y se habían entendido bien en los negocios.