Epílogo Cade Cade se levantó mientras Lily traía el plato de pasta a la mesa, pero ella lo hizo sentarse. —¡Tú cocinaste! —dijo ella—. Lo mínimo que puedo hacer es servir. Él dejó los cubiertos que tenía en la mesa y le quitó el plato. —Tú siéntate. Descansa —dijo él—. ¿Son las órdenes del doctor, recuerdas? Ella suspiró. —Está bien —dijo ella—. Pero esto de que me den todo no es para mí. ¡No estoy confinada a la cama! Por los primeros cinco meses apenas se mostraba, pero en la última semana ya no se podía negar la panza. Era lindo, la forma en que ella había aprendido a trabajar con ella. —¿Cuándo le vas a dar a Jean-Michel tu aviso? —le preguntó mientras le servía—. Sabes que no tienes que trabajar. Ella lo miró. —Quiero trabajar —dijo ella—. Hasta cuando ya no pueda. Él final

