Mi mano escuece, el ardor prolongándose igual que el silencio a nuestro alrededor. El señor Saint cierra los ojos con fuerza, tomando aire profundamente, aun así, no me suelta, y yo no soy capaz de alejar la mirada de su rostro, o de su perfil que es lo que estoy viendo, así que no sé qué cara estarán haciendo sus guardaespaldas, o si los chicos que estaban grabándonos lograron capturar el momento que acaba de pasar. Solo sé que no soy una persona normalmente agresiva. Nunca ataco primero. Mi padre me enseñó defensa personal cuando era niña, y a medida que crecía fui a clases con instructores profesionales y aprendí diferentes técnicas. Pero siempre la palabra clave fue “defensa”. Y no es como que piense que lo he lastimado a muerte, obvio no. Es solo que no entiendo por qué lo golp

