—Señorita Corelly. —Me saluda el guardaespaldas al que amenacé con acusarlo de criminal en televisión nacional. —Buenas noches —saludo, estirando hacia él una mano con las llaves de mi auto, viendo al mismo tiempo cómo Anthony sale de su auto, arreglando su saco mientras me espera de pie al lado de la puerta con la mirada de desaprobación más grande del planeta. »No tiene ni un rasguño —murmuro para el guardaespaldas, decidiendo continuar hablándole a él antes de empezar con su jefe. Asiente con la cabeza, tomando las llaves. —Me aseguraré de que llegue intacto. —En la guantera está el control de la puerta del garaje. Verde abre, rojo cierra. Es obvio que no voy a mi casa esta noche, así que bien puedo asegurarme que mi auto llegue y que lo guarden bien. »Cuarto piso, apartamen

