El dolor de cabeza es lo peor de lo peor del mundo mundial. En serio. Siento que cada sonido, por mínimo que sea, retumba como batería de banda de rock. Ni siquiera soy capaz de darme vuelta en la cama sin hacer una mueca, y la luz… Dios, la luz es lo peor. Una tortura completa. Aun no me atrevo a abrir los ojos, y ya duelen por el brillo que detecto a través de mis parpados. El castigo más grande que Dios nos ha dado por divertirnos, la resaca. Y eso que no estaba entre mis planes emborracharme. Solo estábamos conversando, desatrasándonos, chismeando e intentando acordar la paz mundial. Una típica cena de viernes por la noche entre amigos. —Despertaste —murmura Anthony sentado a un lado de la cama, su voz gruesa e increíblemente alta. Mi mano sale disparada a mi cabeza, apr

