—Elena. Levanto la mirada de la pantalla de mi computador ante el llamado de Marie el lunes por la mañana. »Buenos días —me saluda apenas mis ojos llegan a los suyos—. ¿Me podrías acompañar a mi oficina un momento? Sabía que este momento iba a llegar, que la conversación/explicación no se iba a hacer esperar. —Hola, Marie. Buenos días —la saludo en respuesta, poniéndome de pie, sonriendo ligeramente—. Sí, claro. Caminamos en silencio hasta llegar a su oficina, y en todo el camino en lo único que pienso es que esto es lo que quería evitar. La jodida incomodidad. Dios… sé que mi relación con Anthony va a dar mucho de qué hablar, por eso quiero mantenerla privada y en secreto aquí en la empresa, por decirlo de alguna manera, todo el tiempo que se pueda. Pero, lo más importante, es qu

