Mis manos descienden de sus hombros a su tonificado pecho, abriendo rápidamente los botones del chaleco interior de su traje. Su corbata es la siguiente en desaparecer ante mis apresuradas manos, mientras las suyas amasan la piel de mis caderas. Su pecho arde cuando termino de desabotonar su camisa, mis uñas rasguñando la piel de sus pectorales cuando la sensación que produce su boca en mi cuello me lleva a otro nivel. No sé cuanto llevamos de recorrido en el auto, pero sé que no ha sido suficiente para mí. Tiro mi cabeza hacia atrás, dándole más espacio para besar mi cuello y que pueda descender a mi clavícula; mis dientes apretándose duramente contra mi labio inferior, manteniendo los jadeos y gemidos contenidos en mi garganta. No sé si su conductor y Frank puedan escucharnos, p

